El Ejército ucraniano ha iniciado una campaña de ataques contra la infraestructura militar rusa en Ucrania

A las Fuerzas Armadas ucranianas hay que reconocerle el enorme mérito que tiene la defensa que están haciendo frente a la invasión rusa.

Partiendo de la base de un Ejército atrasado y que fue fácilmente barrido del mapa por las tropas rusas en 2014 , no era difícil imaginar que esta nueva invasión del territorio ucraniano se iba a saldar con una rápida victoria de Vladimir Putin. Sin embargo las decisiones tácticas, operacionales y estratégicas de los ucranianos les han permitido no solo sobrevivir al zarpazo del oso ruso sino estar disputando la guerra de tú a tú con resultados que van cambiando día a día y que hasta ahora se pueden calificar de empate técnico.

Hace ya más de 2 meses y medio que el alto mando ruso decidió retirar a sus tropas de la ofensiva que estaba llevando en la mayor parte del país, especialmente en torno a la capital Kiev. Desde entonces supuestamente ha concentrado todos sus esfuerzos en dominar el Donbas pero el resultado no puede ser más decepcionante porque en todo este tiempo apenas han conseguido avanzar unos 15 km con un coste desmedido en términos de unidades, equipo y vidas humanas.

Buena parte de ese atasco en el que se ven constantemente encerrados los rusos se debe a la perfecta interpretación de los generales ucranianos de la evolución de los combates. Si en un primer momento veíamos cómo las columnas soviéticas eran atacadas con armas antitanque y artillería, ahora hemos pasado a una guerra de desgaste en la que tienen menos posibilidades de vencer los que tienen la moral más baja en este caso seguramente los rusos.

A todo esto hay que sumar que en los casi cuatro meses de guerra que ya llevamos, Ucrania ha recibido una cantidad ingente de nuevo material de los países de la OTAN. De todo ese material hay que destacar las piezas de artillería autopropulsada y los lanzadores de cohetes de medio alcance.

La artillería autopropulsada permite hacer varios disparos y abandonar la posición antes de ser detectados por las medidas de contrabatería del enemigo. Esto no ocurre con la artillería remolcada que tarda bastantes minutos en ser instalada y después desmontada, lo que permite a la artillería enemiga detectar la posición y atacarla inmediatamente, lo que se conoce como fuego de contrabatería.

Pero el elemento que más está influyendo en el curso de esta guerra son los lanzadores de cohetes y los cohetes de media distancia dirigidos por GPS que tienen un error circular probable de unos pocos metros y un alcance entre los 50 y los 100 km. Eso les permite atacar desde muy lejos del frente y lejos de los ataques de contrabatería del enemigo a todos los centros de mando, almacenes, depósitos de municiones, talleres, campos de entrenamiento, aeropuertos, radares, etcétera.

Además los pocos lanzacohetes recibidos que están operativos, parece que son solo cuatro por ahora, están siendo utilizados sabiamente. Solo se emplean de noche para evitar ser detectados por los drones rusos y se dedican a la destrucción de infraestructuras en vez de al ataque contra unidades concretas, seguramente con información facilitada por la inteligencia de los países occidentales. Cada mañana aparecen nuevos vídeos que recogen la voladura de un almacén de municiones (son lo más espectacular, por supuesto) ocurrido la noche anterior.

Esto está acabará haciendo una mella notable en la capacidad de combate del Ejército ruso porque tendrá que retirar los centros de abastecimiento hasta 100 km o más de la línea del frente y ya se sabe que la logística no es precisamente el punto fuerte de los rusos. Seguramente en las próximas semanas veremos cómo la artillería rusa pierde buena parte de su capacidad de aplastamiento por que ya no les va a ser tan fácil recibir la cantidad ingente de munición que esos ataques necesitan.

Y aunque esto ya sea atreverse demasiado con un pronóstico, es posible que a medio plazo ese castigo a la logística enemiga acabe traduciéndose en logros estratégicos, o sea, en una derrota expulsión de los territorios ocupados por el Ejército ruso.

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