Desde que Biden se negó a presentarse en 2016, en unas elecciones que Donald Trump ganó a Hillary Clinton, ha dicho que llegó a creer que habría ganado y salvado al país de este loco. «Pensé que yo era el candidato correcto», dijo Biden en mayo de 2017. Ahora le ha dicho a sus amigos que en 2020, Trump es un riesgo demasiado grande para no intentarlo.

Así que hoy, Biden anunció que se presetará a la presidencia una vez más.

Esta es la tercera campaña presidencial del ex senador de Delaware, que ha pasado toda su vida profesional en un cargo público. Comienza su carrera en la primera posición de una larga lista de contendientes presidenciables del lado demócrata, ocupando el primer lugar en la mayoría de las primeras encuestas. Un tercio de los demócratas lo eligen cuando se les pregunta. Pero esta vez, va a ser una campaña muy diferente.

Aunque el «Tío Joe» de 73 años de edad goza de una posición privilegiada, el verdadero desafío para Biden es que ya no encaja en el partido que hace una década nombró a un joven senador negro antes que a la mismísima Hillary Clinton.

El Partido Demócrata está evolucionando. No sólo en ideología, aunque Biden siempre ha sido un poco más populista en su retórica que en sus políticas, sino también en identidad. El partido está empezando a parecer más joven y más diverso racialmente. Está más impulsado por mujeres votantes que nunca antes. Biden es un hombre blanco que llegaría a los 80 en su primer mandato.

También se postulará en un momento en que el público está cambiando sus puntos de vista sobre lo que es un comportamiento masculino aceptable. A lo largo de los años, la prensa ha cubierto en broma las travesuras públicas de Biden con las mujeres, desde las fotos complicadas a los comentarios dudosos pasando por los abrazos demasiado afectuosos. Ese no es el enfoque que los medios de comunicación esperan de un candidato hoy en día.

Aún así, Biden debe ser tomado en serio. Sabe lo que se necesita para hacer campaña a la presidencia, a pesar de que sus anteriores campañas acabaron en derrota. Como mano derecha que fue, puede reclamar de manera creíble el legado de Obama, que sigue siendo universalmente popular entre los votantes demócratas. Biden también es abrumadoramente popular entre ellos.

Ha estado construyendo silenciosamente una campaña durante dos años. Dirá a su favor que es el tipo que puede quitarle la Casa Blanca a Donald Trump. Y los votantes demócratas podrían creerle.

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