La última ocurrencia del gobierno que nos toca tener en España (por ahora) es iniciar el camino para la supresión del dinero en efectivo. La excusa que se pone ahora es que sería bueno retirarlo porque así se evitan los contagios de coronavirus; antes fue la lucha contra el fraude fiscal y más adelante escucharemos otros argumentos igual de inconsistentes; pero siempre intentarán colarla de alguna manera. No se cansan.

La idea de suprimir el efectivo es algo que viene circulando por los mentideros económicos desde hace mucho tiempo, más bien por los mentideros políticos, porque cuando se analiza con un mínimo de rigor la propuesta no suele tener muchos defensores desde el lado económico.

Y es que a vla hora de la verdad la idea de suprimir el dinero en efectivo tiene mucho más interés para los políticos que para los economistas. Suprimiendo el dinero en efectivo los políticos podrían conseguir de un plumazo un doble objetivo:

a) por un lado podrían controlar totalmente los pagos de cualquier persona, podrían saber exactamente a qué dedica cada uno su dinero, incluidos sus enemigos políticos. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que si un político puede acceder a información sobre su rival, con objeto de desprestigiar le en una campaña electoral, va a hacer uso de esa información.

b) por otro lado, forzar a todos los ciudadanos a tener sus depósitos en el banco permitiría a los políticos establecer tipos de interés negativos. Esto se entiende ahora que tenemos tipos de euribor negativos por los cuales las grandes empresas que tienen remanentes de tesorería de miles de millones de euros pagan un pequeño porcentaje al Banco Central europeo para que custodie su dinero porque no es fácil guardar en la empresa, pongamos por ejemplo, 5400 millones de euros. A menor escala esto sería lo que le pasaría a todas las familias, que al no existir el dinero en efectivo se verían forzadas a mantener sus ahorros en el banco y el Banco Central o el gobierno podrían establecer tipos negativos de manera que cada mes retirarían (¿robarían?) una pequeña parte del dinero ahorrado.

Como siempre pasa a los partidarios del exprópiese y de vivir a costa de la riqueza de los demás, solo se tienen en cuenta los efectos a corto plazo. Es decir, si se decretase la desaparición del dinero en efectivo inmediatamente, todo el dinero efectivo tendría que ingresar se en cuentas bancarias y durante un tiempo los gobiernos podrían ejercer use control absoluto del que estábamos hablando en el párrafo anterior. Pasado un tiempo los individuos, las familias se darían cuenta de que tener el dinero en el banco es una tontería y buscarían activos en los que poder atesorar su ahorro sin estar sujetos a las pérdidas obligatorias establecidas por el político de turno. S el dinero desapareciera, al menos el dinero en efectivo, veríamos un resurgir casi inmediato de las monedas virtuales como el bitcoin y la vuelta a la circulación de los metales preciosos como método de ahorro independiente de las decisiones políticas.

La suerte para todos los españoles es que los políticos que ahora mismo ocupan el gobierno sabe más hablar que hacer, definición casi literal de bocachanclas, y no han considerado que la política monetaria está en manos de las instituciones europeas y no va a ser fácil ponerle acuerdo a los 27 socios comunitarios o al menos a todos los socios del euro para seguir de manera coordinada un proceso que lleve a la eliminación del dinero en efectivo. Al menos si esa eliminación se produce tenemos la tranquilidad de que llevará mucho tiempo, igual que lo lleva cualquier proceso de dimensión comunitaria.

En cualquier caso, no está de más mantenerse vigilantes por qué al principio pudiera parecer que es solo una tontería y que no van en serio y nadie se imagina que puedan acabar llevando a cabo semejante tontería. La experiencia nos demuestra qué tonterías más gordas están llevando a cabo, así que si dicen que quieren eliminar el dinero en efectivo no ahí que dejar pasar ni una oportunidad de poner en evidencia la torpeza de una medida así para concienciar a la opinión pública de lo perjudicial que sería tal medida a largo plazo.

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