Los ciudadanos de los países occidentales, la mayoría silenciosa, estamos asistiendo perplejos a la ocupación de la escena pública por toda clase de movimientos políticos o pseudopoliticos que se declaran ser víctima de alguna de discriminación o de alguna lacra histórica.

En este momento coma podríamos contar principalmente con estos movimientos (igual la semana que viene aparecen otros víctimas que utilizan sus iPhones para denunciar su increíble sufrimiento):

  •  el movimiento antirracista, encabezado por los americanos Black Lives Matter y que se ha extendido por todo Occidente como una mancha de aceite, sea en países donde la población de raza negra tiene cierto arraigo o sea en países donde esa población de raza negra está formada por inmigrantes recién llegados al país que en muchos casos ni siquiera conocen medianamente el idioma local.
    El pasado martes 59 personas de raza negra murieron a manos de un grupo islamista, cuys miembros también son de raza negra pero ¿esas vidas negras no importan? 🙁
  •  el feminismo, que hasta hace unos meses parecía el movimiento con más fuerza se ha visto súbitamente desplazado por la epidemia COVID-19 que ha hecho desaparecer el problema feminista de golpe sustituido por el coronavirus.
  •  el ecologismo encabezado ahora por personas o personajes tan discutibles como Greta Thunberg también ha sido silenciado por la epidemia de coronavirus, aunque intentaron aprovechar la pandemia para recordarnos que la globalización capitalista era la responsable de todos los males que aquejan al mundo moderno, incluida la expansión acelerada de la enfermedad. Posiblemente si no viajásemos tanto en avión y no hubiese tanto turismo la enfermedad no se hubiese expandido a la misma velocidad, dicen estos artistas.
  •  movimientos localistas, que en España están encabezados por los independentistas catalanes y que como todos los demás han quedado tapados por la epidemia desatada por el coronavirus. No obstante en Escocia o en Cataluña ya han avisado que van a volver a la carga para reclamar derechos históricos en base a supuestos agravios que les han perjudicado por los siglos de los siglos y que en realidad solo quieren decir que se consideran mejores que nosotros y no desean compartir nada con otros ciudadanos del país: racismo en estado puro. Los movimientos indigenistas de los países en desarrollo no han tardado en aprovechar todos los problemas raciales sacados a la luz por el asesinato de George Floyd y el aprovechamiento político que Black Lives Matters y otros grupos radicales han hecho del para sacar a la luz su agenda política reivindicativa de una Arcadia feliz indígena en la que por supuesto no existía la pobreza, la enfermedad o, como en el caso de los indígenas americanos, el canibalismo.
  • movimientos por la diversidad sexual que ahora andan moviéndose en una difusa frontera con los movimientos feministas, lo que parece que les está llevando hacia un choque de trenes inevitable. La pretensión de todo este tipo de movimientos LGTBi (y otras siglas) de que el sexo sea una decisión personal, que el sexo venga determinado por la percepción subjetiva, choca de frente con los postulados feministas, que solo defienden a las mujeres y pretenden crear desigualdad en contra del hombre. Esta idea feminista no se podría llevar a cabo si cualquier hombre en cualquier momento con una simple declaración pudiese declarar que es mujer y por eso las feministas y los LGTB andan a la greña en todo el mundo.

La razón de ser de todos estos movimientos es siempre una queja sobre una opresión ficticia que no se puede demostrar con datos. No tendría mucho recorrido un movimiento feminista que dijese que las mujeres se merecen el 50% de las plazas en la administración pública por que en el caso español por ejemplo se veía claramente que las mujeres copan cuatro de cada cinco nuevos puestos de trabajo en las instituciones públicas; por eso hay que inventarse techos de cristal, el patriarcado y todos esos entes invisibles que sustituyen al pecado y a otras instituciones religiosas que creíamos haber superado mediante la educación.
Tampoco podría prosperar cualquier movimiento indígena que pretendiese ofrecer un modelo basado en su pasado colectivista y y felicísimo para vivir en el mundo tecnológico que nos ha tocado vivir. Ninguno de estos movimientos puede ofrecer nunca una alternativa básica, o sea una explicación básica basada en datos, por eso necesitan recurrir a ideas filosóficas indemostrables como el racismo, la opresión colonialista, etcétera etcétera, etcétera.

¿Se imaginan por un momento una marcha de una organización independentista catalana que se encontrase de frente con una manifestación antirracista que acusarse a los blancos catalanes de opresores contra la población negra y pobre de Cataluña? ¿Se imagina que estando en esa discusión llegase al mismo sitio una manifestación feminista acusando a negros y nacionalistas de ser unos machirulos y de no ver el mundo con perspectiva de género? ¿Se imaginan que en ese momento aparece una manifestación LGTB y acusa al negros, independentistas y feministas de estar sujetos a la dictadura de la biología y no admitir la libertad sexual de cada uno y la libre determinación del sexo según la percepción subjetiva? ¿Se imaginan que en ese momento coincide una manifestación indigenista con sus tambores y sus flautas y acusa a negros, independentistas, feministas y LGTB’istas de ser unos colonialistas opresores?

Pues así anda Occidente. Y España, la que más.

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