Que Podemos anda cuesta abajo y sin frenos parece estar más o menos claro para todo el mundo excepto para sus acérrimos seguidores.

Pablo Iglesias, aquél que hablaba del Gobierno de la gente y de vivir en contacto con el peblo, ya no se atreve a salir a la calle sin escoltas y vive entre su mansión de Galapagar y la moqueta del ministerio.

El asunto Rociíto y cómo Podemos se ha lanzado en tromba para aprovechar el tirón mediático en defensa de sus postulados sobre el feminismo son la demostración evidente de que la formación morada ya no tiene nada que contarle a los electores.

En medio de una crisis sanitaria brutal y de una crisis económica desgarradora, la ministra Montero y todos los terminales mediáticos y palmeros que sus cuatrocientos cincuenta millones de presupuesto son capaces de mover se han lanzado como fieras sus mensajes de yositecreo para hacernos pensar que el gran problema de hoy de la sociedad española es la violencia ejercida sobre las mujeres.

Como siempre, Podemos vuelve a ser una sopa de contradicciones: acaban de desbancar a una mujer para poner a un hombre al frente de la candidatura para la Comunidad Autónoma de Madrid mientras enfrente tendrá a dos mujeres, Rocío Monaterio e Isabel Ayuso para recordarles que los problemas reales para la sociedad son otros y que estos problemas aumentan en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde ellos gobiernan.

Y los votantes lo saben.

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