Los impuestos se cobran sobre la base de los ingresos de ciudadanos y empresas y sobre el consumo que hacen con esos ingresos. En una crisis económica como la actual, los ingresos de ciudadanos y empresas ha disminuido notablemente (excepto la casta funcionarial, claro) y, en consecuencia, también su consumo, lo que lleva aparejada una reducción de los ingresos por impuestos.

Esto es bastante sencillo de entender pero lo alucinante es la respuesta que encontramos en el actual Gobierno ante esta tesitura. La panda de luminarias que dirige nuestros destinos ha decidido que ante la bajada de ingresos por impuestos sólo queda hacer una cosa: endeudarse y que los préstamos los paguen otros.

Es verdad que anuncian subidas de impuestos pero ni en los sueños más húmedos de la ministra de Hacienda Pública, las cantidades imaginariamente recaudadas llega a una fracción del inmenso agujero del déficit público (que hay que tapar con préstamos). Además, cada subida de impuestos anunciada se pospone para dentro de dos o tres años y en el caso de los peajes de las autovías se condicionan (pa’mear y no echar gota) a que haya consenso de todos los partidos.

Por hacer unas cuentas sencillas y redondeando mucho, los gastos de las administraciones públicas españolas son de unos 400.000 millones de euros y los ingresos son de 300.000 millones de euros.

Los cien mil millones de euros de descuadre hay que pedirlos prestados pero según el actual Gobierno eso no tiene importancia porque como dice el tonto’l’haba que tenemos de Ministro de Consumo, la deuda pública es ilimitada y no tiene consecuencias. Que vaya a Argentina y diga eso en público a ver qué le pasa.

Y así seguimos y vamos a seguir porque a nadie le importa el déficit público ¿o ha escuchado Usted a algún político hablar del déficit público? En cambio, tenga la certeza de que antes o después le va a tocar pagarlo. Y cuando llegue ese momento, se le va a quitar la sonrisa.

 

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