Muchos estadounidenses están comprando un arma por primera vez o complementan la que ya poseen, lo que ha provocado un aumento de las ventas de armas en EE.UU. que comenzó el año pasado y continúa con fuerza en 2021.

No existe una base de datos gubernamental o nacional sobre la venta de armas, pero la Oficina Federal de Investigación lleva un registro de las comprobaciones de antecedentes previas a la venta, un indicador que se ha disparado hasta alcanzar cifras récord.
En marzo, el FBI informó de casi 4,7 millones de comprobaciones de antecedentes, la mayor cantidad de cualquier mes desde que la agencia comenzó a llevar un registro hace más de 20 años, y un aumento enorme del 77% con respecto a marzo de 2019.

Son los propietarios de armas por primera vez los que se suman al repunte del comercio de armas. Más de 2 millones de las comprobaciones de antecedentes de marzo fueron para nuevas compras de armas, según la National Shooting Sports Federation, el grupo comercial de la industria de las armas de fuego que compara las cifras de las comprobaciones de antecedentes del FBI con los datos de ventas reales para determinar sus cifras de ventas.
Alrededor del 40% de los compradores a principios de 2020 fueron compradores por primera vez, según la fundación.

En 2020, la mitad de los compradores de armas eran mujeres, según los investigadores. Una quinta parte eran hispanos y una quinta parte eran negros, según el Centro de Investigación de Control de Lesiones de la Universidad Northeastern y Harvard.
Contra la idea fácil de que son los blancos de ultraderecha los más aficionados a equiparse con armas de fuego de todo tipo, resulta que son las mujeres y la gente de distintas minorías quienes están ayudando a que las ventas de armas aumenten en todo el país.

La pandemia es una de las razones del aumento, suelen reconocer los compradores y vendedores de armas, ya que la incertidumbre llevó a la gente a acumular no sólo papel higiénico. Las comprobaciones de antecedentes en marzo de 2020 -cuando entraron en vigor los cierres por coronavirus en algunas partes del país- fueron un 41% más altas que un año antes, según los datos del FBI.
La pandemia hizo que mucha gente se diese cuenta, de repente, de que un día podría no tener comida en tu gabinete; no era cosa solo de quedarse sin papel higiéncio sino de que podría haber disturbios y saqueos, podría haber violencia colectiva.

Pero ha habido muchos factores que han impulsado el interés por las armas más allá de la pandemia,  desde los disturbios que siguieron a la muerte de George Floyd a manos de la policía en mayo de 2020, hasta el cambio a un gobierno federal dirigido por los demócratas, que históricamente ha llevado a la gente a temer que se restrinja la venta de armas.
Un análisis de los controles de antecedentes del FBI sobre los compradores de armas en 2020 muestra que los mayores aumentos -marzo, junio, julio y diciembre- coincidieron con períodos de disturbios políticos y sociales.

En el fondo y aunque sea políticamente incorrecto decirlo, la realidad es que la gente ha empezado a  no confiar en que las instituciones, incluida la propia policía, estén ahí para ayudarles cuando las necesiten porque piensan que, llegado el caso, puedan anteponer intereses políticos o ideológicos a la defensa de los derechos civiles tradicionales. Llevado al extremo, imaginemos que un atraco es cometido por un negro de un colectivo LGTBI+ contra un comercio al que los ecologistas han designado como contrario al interés social. Es posible que la propia policía prefiera contemporizar para no echarse encima a todo tipo de activistas y colectivos y el propietario del negocio quedará totalmente desamparado aunque se ataque si libertad, su propiedad o se amenace su propia vida.

Todos sabemos que algo parecido nos podría llegar a ocurrir… pero en Estados Unidos sigue existiendo la libertad para tener un arma. Y esta es la razón del aumento de la venta de armas.

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