Published On: Dom, Nov 28th, 2004

La niña santa

Europa Press

La argentina Lucrecia Martel se adentra en el mundo de la adolescencia y la religión en la película “La niña santa”, filme coproducida por El Deseo –Agustín y Pedro Almodóvar– que llega mañana a los cines españoles. Mercedes Morán (“Luna de Avellaneda”, “Diarios de Motocicleta”), Carlos Belloso (“Peligrosa obsesión”), Mia Maestro (“Diarios de Motocicleta”, “Frida”) y las debutantes María Alché y Julieta Zylberberg protagonizan este filme.

Tras el éxito de “La ciénaga”, ópera prima de Martel premiada en La Berlinale, la realizadora argentina vuelve a adentrarse en las tensiones que acechan a la estabilidad de la institución familiar. La cinta llega a España avalada por el reconocimiento de público y crítica tras su paso este año por la Sección Oficial del Festival de Cannes y por los Festivales de Cine de Nueva York y Londres.

“La película me parece un ejercicio brillante, ya que poco a poco descubres que lo que cuenta es terrible y lo hace desde las cosas cotidianas, desde las pequeñas cosas. Me encanta su capacidad de sugerir sin hermetismo y sin poner en primer término”, afirmó hoy en rueda de prensa Pedro Almodóvar, quien relató que se interesó por el trabajo de esta realizadora argentina –“una exquisita y soberbia directora de actores”, dijo– tras ver “La ciénaga”, filme que le apasionó porque sintió que tras él había “una persona especial y un punto de vista personalísimo”.

Por su parte, Martel prefirió guardarse el recuerdo del día en que la productora El Deseo se puso en contacto con ella. “No quiero perder la emoción de conocer a alguien como Pedro, porque mis primeras carcajadas en el cine fueron con sus películas. En sentido perverso y positivo, para mí, Pedro es como el Papa”, manifestó una directora que en “La niña santa” se centra en la historia de Amalia y Josefina, dos adolescentes que, después de los ensayos del coro, se reúnen en la iglesia a discutir temas doctrinarios; aunque cuando no participan acaloradamente de la discusión, hablan en secreto de los besos de lengua.

UNA PELÍCULA PERTURBADORA

“Esta película sale de cosas que tienen que ver con mi vida, y lo que es inventado, no es ajeno a mi historia”, explicó la directora argentino sobre una cinta que algunos, hasta el propio Almodóvar, han tildado de “perturbadora”, adjetivo que para ella, al igual de monstruos, no tiene el significado despectivo que para el resto, sino que para ella “dan esperanza”.

Para Almodóvar, Martel no juzga a sus dos protagonistas, “aunque lo que hagan sea terrible”, apostilló. “La historia de las niñas, que se obsesionan en ser heroínas a través de la religión y que se convierten en unas hijas de puta, no se puede tomar de forma lineal o literal”, prosiguió el director y productor manchego, quien también subrayó el interés de la directora argentina por “la ambivalencia de la adolescencia, un periodo especialísimo”.

La propia Martel explicó que para contar la historia de “La niña santa” decidió “ser una de las chicas sin estar en el grupo; lo que me bastaba porque tengo mucho memoria de este periodo”. En este misma línea, esta realizadora explicó que es siendo fiel a sí misma cuando siente que más se puede acercar a los espectadores. “Si hago lo que me enseñaron, y no lo que siento, me da la sensación de que no me acerco a quien quiero”, dijo.

RELIGIOSIDAD

A su vez, esta cineasta hizo referencia a su fervor religioso, asegurando que siempre se ha quedado, no con los aspectos represores, con “el sentimiento de anarquía que da sentirse unida a los divino”. “También me interesa e sentido de la palabra, porque cuando uno tiene fe y reza es a lo que deben aspirar la literatura y cualquier escritor”, añadió Martel, quien acabó alejándose de la religión por la astronomía y “porque cuanto más profundamente se interesa uno en la religión más se aleja de sus instituciones”.

Asimismo, Martel relató que otra de las razones por las que abandonó la religión fue cuando se dio cuenta de que ésta, en muchos casos, y de forma paradójica, “va en contra de la existencia”. “El capellán de mi colegio nos contó, como si fuéramos sus cómplices, que confeso a chicos que luego fueron fusilados, y el obispo que nos daba misa decía que las madres de la Plaza de mayo querían desprestigiar el país”, contó, para inmediatamente defender que en el porcentaje de desaparecidos en otros lugares fue menor “porque la Iglesia actuó acorde con sus preceptos”.



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