Una investigación liderada por la Universitat de València avanza en la determinación de la expresión génica de la longevidad. Los resultados, publicados en la revista Nature Scientific Reports, muestran que los centenarios tienen menos estrés oxidativo que los octogenarios. Esta línea de trabajo puede contribuir a las terapias génicas de longevidad que, en un futuro, podrán hacer posible un envejecimiento más saludable.

Gráfico de datos

Coincidencia de la expresión génica de jóvenes (verde) y centenarios (azul), a diferencia de los octogenarios (rojo). / UV.

UV
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27 febrero 2013 12:02

Las personas centenarias comparten más genes con jóvenes menores de 30 años que con octogenarios. Así concluye un estudio liderado por José Viña, catedrático de Fisiología de la Universitat de València e investigador en el Hospital Clínico de la Comunidad Valenciana.

El trabajo, cuyas conclusiones se han publicado recientemente en la revista Nature Scientific Reports, se realizó durante tres años con una treintena de pacientes y desvela que las personas centenarias tienen más similitudes a nivel molecular con los jóvenes que con los ancianos.

Los autores iniciaron esta investigación tras observar que muchas personas alcanzan los 100 años en plena forma física y mental.

Muchas personas alcanzan los 100 años en plena forma física y mental

Por ello, estudiaron el estrés oxidativo, los niveles de un factor de crecimiento nervioso (BDNF) y algunas características genéticas de las personas centenarias, en comparación con un grupo de personas de alrededor de 80 años y otro grupo de personas de unos 30 años.

Los resultados han sido reveladores: las personas centenarias tienen menos estrés oxidativo que las octogenarias y, a su vez, este es muy similar al de las personas jóvenes.

Por otra parte, los niveles del factor de crecimiento neuronal son superiores en centenarios y jóvenes en relación con los octogenarios.

La implación del ARN

Los autores también observaron que la expresión de unas pequeñas moléculas reguladoras de ARN, llamadas microARNs, es muy similar en centenarios y en jóvenes, pero diferente a la de los octogenarios.

El estudio ha demostrado que los centenarios expresan cuatro microRNAs, coincidentes con los jóvenes estudiados y que están ausentes en los octogenarios.

De esta forma, “podríamos estar ante una muestra de genes de longevidad extrema”, apunta Viña, quien investiga la regulación de genes de personas centenarias, como también la influencia de la alimentación y el ejercicio en los genes de la longevidad.

Los conclusiones del trabajo permiten abrir nuevos proyectos de investigación como, por ejemplo, el estudio genético de los octogenarios hijos de centenarios. Además, esta línea de trabajo puede contribuir a los avances en las terapias génicas de longevidad que, en un futuro, podrán hacer posible un envejecimiento más saludable.

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