El pensador y ensayista Benito Jerónimo Feijoo Montenegro, más conocido como Padre Feijoo, será el protagonista este año del Día do Científico Galego. La Real Academia Galega de Ciencias ha aprobado por unanimidad la elección de Feijoo por su defensa de la ciencia basada en la razón y en la experiencia, y por su espíritu crítico al cuestionar dogmas y difundir las ideas científicas –enfrentándose a la Inquisición– entre los estratos sociales que en el siglo XVIII tenían un difícil acceso al conocimiento.

Retrato póstumo del Padre Feijoo, realizado entre 1774 y 1777

Retrato póstumo del Padre Feijoo, realizado entre 1774 y 1777. / Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Real Academia de Ciencias de Galicia
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13 marzo 2013 12:22

La Real Academia Galega de Ciencias (RAGC) ha aprobado por unanimidad la elección del pensador y ensayista Benito Jerónimo Feijoo Montenegro, más conocido como Padre Feijoo como protagonista este año del Día do Científico Galego.

Esta insititución ha querido reconocer a Feijoo por su esfuerzo defensor e impulsor de la nueva ciencia basada en la razón y en la experiencia y por su espíritu crítico a la hora de cuestionar dogmas y difundir las ideas científicas, enfrentándose incluso a  la censura de la Inquisición, entre los estratos sociales que en el siglo XVIII tenían un difícil acceso al conocimiento.

Según la RAGC, su escepticismo en relación con la ciencia dogmática defendida por la Iglesia, con los milagros o con las supersticiones junto con su defensa a ultranza de la mujer en un momento en el que se consideraba que era un ser indiscutiblemente inferior al hombre hicieron de él un precursor del pensamiento moderno con multitud de discípulos y una gran repercusión internacional.

Aunque el acto académico conmemorativo se celebrará el 23 de abril, las actividades de difusión se extenderán a lo largo de todo el año, con especial atención a la comunidad escolar.

La RAGC organiza este año la sexta edición del Día do Científico Galego, con el que la comunidad científica gallega quiere homenajear a las figuras más destacadas de su historia, difundiendo su contribución para que la opinión pública pueda percibir, a través de los ejemplos más destacados del pasado, el prestigio actual de la investigación en Galicia y la necesidad de invertir recursos en ella para que su potencial sea cada vez mayor hacia el futuro.

Después de recordar en ediciones anteriores las figuras del matemático Enrique Vidal Abascal, el geógrafo Isidro Parga Pondal, el ingeniero agrónomo Cruz Gallástegui, el astrónomo Ramón María Aller Ulloa y el químico Antonio Casares, el homenajeado este año será por primera vez un hombre de letras.

Además de organizar actividades específicamente diseñadas para acercar la figura de Feijoo a la comunidad escolar y al gran público en varias localidades gallegas, la Fundación Barrié presentará próximamente una unidad didáctica dedicada a él y a su legado, que será distribuida en todos los centros de enseñanza de Galicia. Esta colaboración se enmarca en educaBarrié, la iniciativa de la Fundación Barrié para acercarse a la comunidad educativa, y que está ya activa en centros escolares de las cuatro provincias (www.educabarrie.org).

Ciencia basada en la razón y en la experiencia

El Padre Feijoo es considerado el primer ensayista de la literatura española y reconocido como una de las figuras más importantes de la Ilustración española, con una enorme repercusión en otros países europeos como Francia, Alemania o Inglaterra. Intelectual sabio y rebelde, fue el autor más polémico de su tiempo y los expertos en su figura coinciden en que ningún escritor español había conseguido antes tanta celebridad dentro y fuera de España ni había logrado darle tanta proyección social al pensamiento.

Defendía el escepticismo, una postura abierta y tolerante en relación al saber de su tiempo. La dialéctica interna entre filosofía y religión en sus textos continúa siendo hoy motivo de reflexión, advirtiendo a los católicos en pleno siglo XVIII que deberían dedicarse más a buscar la verdad que a defenderla y asegurando que la autoridad de los santos en materia de ciencias naturales es nula.

Feijoo aprovechó el camino abierto por los novatores, que desde el fin del siglo anterior venían proponiendo nuevas pautas más abiertas para la ciencia y el pensamiento, pero fue aún mucho más allá. En un momento en el que en España, a diferencia del resto de Europa, imperaba el aislamiento ideológico y el escolasticismo –corriente dominante del pensamiento medieval en la que se coordinaban fe y razón, siempre con la subordinación de esta última–, Feijoo, conocedor de las obras de los grandes pensadores y científicos del momento (Galileo, Descartes, Newton, Gassendi, Pascal, Bacon, etc.), defendió el uso de la razón, apoyada  por la experiencia, como único método válido para la ciencia.

Defendió el uso de la razón, apoyada  por la experiencia, como único método válido para la ciencia y se enfrentó a la Inquisición

Se mantenía al tanto de todas las novedades europeas en ciencias experimentales y humanas y las divulgaba en sus ensayos, al tiempo que criticaba sin piedad las supersticiones que contradicen la razón, la experiencia empírica y la observación rigurosa. Hasta Feijoo, nadie en España se había propuesto someter a la critica una variedad de materias tan extensas: medicina, ciencias naturales, historia, superstuciones y creencias populares, filosofía, política, literatura, filología, música, derecho, demografía, urbanidad, estética, enseñanza pública, moral, etc.

Se declaraba “ciudadano libre de la república literaria” y apuntaba siempre a un afán continuado de “desengañar al vulgo”, atendiendo siempre por encima de todo a lo que le dictasen “la experiencia y la razón”. La defensa de estos postulados provocó la cólera de la Inquisición, que llegó a censurar capítulos enteros de sus obras, pero la admiración y adhesión que le profesaba el rey Fernando VI le valió un edicto por el que quedaba prohibido cualquier ataque a la obra de Feijoo.

Otro de los aspectos más polémicos de su obra fue su defensa a ultranza de las mujeres, que en la época se consideraban inferiores, entre otras cosas, en la capacidad de razonar. En su discurso “Defensa de las mugeres”, Feijoo abogaba por su aptitud “para todo género de ciencias y conocimientos sublimes”.

Biografía y obra

El Padre Feijoo nació en el pazo de Casdemiro (Pereiro de Aguiar, Ourense) en 1676 y realizó sus primeros estudios en Allariz y en el colegio benedictino de San Estevo de Ribas de Sil. Cuando tenía 14 años renunció al mayorazgo que le correspondía como primogénito para ingresar en el monasterio benedictino de San Xulián de Samos (Lugo), al que según los estatutos de la Orden perteneció toda su vida. Tras dos años de noviciado, fue enviado a estudiar Artes al colegio de San Salvador de Lérez (Pontevedra) y Teología al de San Vicente de Salamanca.

Finalizados los estudios, regresa a Galicia en 1702, donde será pasante y profesor de Artes en el colegio de Lérez y posteriormente maestro de Teología en el de San Xoán de Poio (Pontevedra), también en el arzobispado de Santiago. A continuación, fue destinado a Oviedo, ciudad a la que llegó con 33 años y en la que permaneció hasta su muerte en 1764, ejerciendo como catedrático de Teología en la universidad.

Paralelamente a su carrera académica discurrió la religiosa, en la que fue elegido abad en tres ocasiones

Hasta 1725, Feijoo no comenzó a publicar sus obras, casi todas ellas recopilaciones de reflexiones a las que denominaba discursos y que en realidad representaban verdaderos ensayos. Su obra en este género está integrada principalmente por los ocho volúmenes más un suplemento de su “Teatro crítico universal” (entendiendo teatro como panorama), publicados entre 1726 y 1739, y por los cinco de las “Cartas eruditas y curiosas”, publicadas entre 1742 y 1760. A estas obras hay que agregar un tomo extra de “Adiciones” publicado en 1783 y su extensa correspondencia personal, que continúa inédita.

Paralelamente a su carrera académica discurrió la religiosa, en la que fue elegido abad en tres ocasiones. A la primera abadía renunció a los dos años (eran cuatrianuales) y las otras (San Xulián de Samos y San Martín de Madrid) las rechazó, así como un obispado en América que le ofreció Felipe V. A cambio, aceptó el nombramiento como miembro de la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla (1727) y el de consejero real, que en 1748 le otorga Fernando VI.

La Universidad de Oviedo fundó la Cátedra Feijoo en 1954, con una conferencia inaugural pronunciada por Gregorio Marañón, uno de sus discípulos. En la década siguiente la cátedra se completó con la creación de la Biblioteca Feijoniana, que terminó en 1998 la edición digital de las obras completas de Feijoo, hoy disponibles en internet. La cátedra pervive convertida en instituto de investigación (Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII), dedicado al estudio multidisciplinar del Siglo de las Luces en el ámbito español e iberoamericano.

Todos sus papeles y materiales, que con su biblioteca estaban depositados en la abadía de Samos (Lugo), se dispersaron con las medidas desamortizadoras y los que se recuperaron después ardieron en el incendio de 1951 que asoló el monasterio.

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