Un trabajo de la Universidad de La Rioja advierte de la necesidad de aplicar medidas públicas en los extrarradios de las ciudades de España para evitar el empeoramiento de sus condiciones sociales.

Un estudio reclama actuar en las periferias urbanas españolas para que no se conviertan en guetos

Atardecer en el barrio de la Alhóndiga en Getafe. / Wikipedia

SINC
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08 abril 2013 17:09

Una investigación de la Universidad de La Rioja advierte de la necesidad de aplicar medidas públicas en las periferias urbanas españolas para evitar que puedan llegar a derivar en situaciones de exclusión social equiparables a las de los guetos americanos, especialmente en un contexto de crisis y cambio social como el actual.

Esta es una de las conclusiones de Fernando Díaz Orueta, doctor en Sociología y profesor del departamento de Ciencias Humanas de la Universidad de La Rioja, en el artículo ‘Periferias urbanas y la reestructuración de las políticas urbanas españolas’, que ha publicado la revista Gestión y Política Pública.

El artículo analiza la evolución de las periferias españolas durante las tres últi­mas décadas sobre las que han influido de forma trascendental las nuevas políticas urbanas, pasando de recibir una atención prioritaria en un primer momento a ocupar un papel secundario en las agendas urbanas.

Problemas importantes de precariedad y exclusión social en las periferias apuntan a un riesgo de que se ‘norteamericanicen’

Aunque estas áreas no son hoy equiparables a los históricos guetos, su análisis sí revela la existencia de problemas importantes de precariedad y exclusión social que apuntan a un riesgo de ‘norteamericanizarse’.

La investigación explica cómo se agudiza el repliegue de las clases altas y medio altas en barrios cerra­dos, a la vez que se desinvierte en los habitados por la clase trabajadora y las clases medias, que se ven más golpeadas por la crisis. A estas circunstancias se suman otros factores que predicen un cambio en las agendas urbanas como la intensidad que adquiere la reacción social y la exigencia de una profundización democrática.

Ante la complejidad descrita, Díaz Orueta concluye que la situación de las periferias debe contextualizarse en un debate amplio y abierto sobre modelos urbanos partiendo de la base de buscar nuevas alternativas; una idea que se opone a la planteada por el discurso político y empresarial mayoritario de retomar el sistema que alimentó el crecimiento de las ciudades entre 1995 y 2007, pero que, según el profesor, hoy agravaría los problemas existentes.

Entre los objetivos de redoblar la intervención pública debería encontrarse el respal­do a los procesos de autoorganización y movilización ya existentes que, desde la dimensión política, podrían desempeñar un papel de rup­tura muy importante de los procesos de exclusión social.

El profesor de la UR considera muy preocupante que los planes de intervención integral en barrios se vean también afectados por las políticas emprendidas de austeridad presupuestaria. Un giro todavía más recesivo en estos barrios supon­dría la aceleración de su deterioro físico, la reducción de las inversiones y de los servicios que en ellos se prestan, y, en definitiva, la agudización de los procesos de exclusión.

Descontento social

 El tratamiento reactivo dado a los movimientos sociales que vive el país, sumado a otros fenómenos como la corrupción política o el distanciamiento de los representantes políticos respecto a la ciudada­nía, ha hecho crecer la desconfianza y la deslegitimación del sistema democrá­tico. Este descontento generalizado, que afecta tanto a la clase trabajadora como a amplios sectores de las clases medias, se expresa con claridad en las periferias urbanas.

Aunque hasta la fecha los conflictos en estas zonas no hayan alcanzado la gravedad de lo conoci­do en otros países europeos, la confluencia de todos estos factores ha hecho crecer el malestar social urbano. A esto se añade la aparición de discursos políticos xenófobos que alimentan el miedo y el odio al diferente, sobre todo en las periferias muy heterogéneas en términos culturales.

Un hecho que no debe pasar inadvertido es la expansión del movimiento social a través de las llamadas Asambleas de Barrio, en las que se discute territorio a territorio sobre los problemas urbanos, y que han arraigado especialmente en la Comunidad de Madrid, en barrios y municipios que en el pasado mostraron una gran capacidad de movilización.

Según el estudio de Fernando Díaz Orueta se abre un panorama propicio para la reaparición y construcción de nuevas institucionalidades como el que se generó en mu­chas periferias durante los años de la transición política y el principio de la democracia.

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