Científicos del Institut Cavanilles de la Universitat de València han documentado la afección de los monogeneos en una población de pez limón, una especie de alto interés comercial en las Islas Baleares, Murcia y Cerdeña. Los resultados sepueden ser muy útiles para mejorar la gestión de infecciones en explotaciones acuícolas. 

Describen por primera vez una mortandad natural de peces por parásitos en el Mediterráneo

Aigües Repullés-Albelda analizando una seriola en la Universitat de València. UV.

UV
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10 abril 2013 12:33

Un equipo de científicos del Institut Cavanilles de Biodiversitat i Biologia Evolutiva del Parc Científic de la Universitat de València ha descrito por primera vez una mortandad natural de peces por parásitos en el Mediterráneo. Un estudio de la población de seriola o pez limón (Seriola dumerili) en las aguas de Mallorca, Alicante, Córcega y Cerdeña ha revelado que los parásitos, cuya gestión es clave en la acuicultura, también generan mortandades importantes en las comunidades de peces en su ecosistema natural.

En concreto, los investigadores pudieron documentar la incidencia mortal de Zeuxapta seriolae, un parásito del grupo de los monogeneos, sobre la seriola, una especie de alto interés comercial en zonas como por las islas Baleares, Murcia, Grecia e Italia. Los resultados de este trabajo se acaban de publicar en el último número de la revista Veterinary Parasitology.

Los investigadores de la Universitat de València estudian la afección de parásitos de especies de pescados comerciales en cultivos marinos, como la dorada y la seriola, con el objetivo de encontrar estrategias de tratamiento basadas en su ciclo vital.

La temperatura del agua, más elevada durante los últimos años, podría haber favorecido el contagio de los peces 

Aun así, en esta ocasión, “el análisis de las comunidades en libertad evidenció una posible mortandad natural causada por la infección masiva por parásitos. Generalmente, en el medio salvaje, el sistema parásito-huésped está equilibrado, puesto que el parásito no tiene interés en matar a su huésped porque actuaría en detrimento de él mismo y causaría su misma desaparición. En algunos casos, como podría ser el de las especies de nueva colonización o invasoras, este equilibrio se puede malograr y durante un período de tiempo el sistema puede desequilibrarse y empeorar los efectos del parásito sobre los huéspedes debido al aumento de los niveles de infección. Este parece ser el caso de este parásito de reciente aparición en el Mediterráneo, hace unos 15 años”, explica el director de la investigación, Francisco E. Montero.

Los parásitos monogeneos no tienen ningún efecto en el ser humano, pero “sí disminuyen la velocidad de crecimiento de los ejemplares y, en condiciones de producción intensiva, pueden causar la muerte de los individuos cultivados”, expone la investigadora Aigües Repullés-Albelda, autora del trabajo, quien añade que estos resultados son relevantes para la acuicultura porque en la actualidad en el área mediterránea “su desarrollo en cautiverio depende de los juveniles recolectados en el medio salvaje”.

Rentabilidad de la acuicultura

“La selección de los juveniles del área con menor incidencia del parásito y en el momento del año con mejores condiciones contribuirían a incrementar la rentabilidad de la explotación puesto que podrían aligerar, de manera sencilla, los niveles de infección iniciales”, según Repullés-Albelda. Los expertos destacan el impacto económico del estudio porque este tipo de infecciones por parásitos son muy habituales en el ámbito de la acuicultura.

Los científicos muestrearon de manera periódica un total de 245 peces de diferentes regiones del Mediterráneo occidental. Todos los individuos se midieron y pesaron para calcular su grado de salud. Posteriormente, los ejemplares fueron analizados de manera separada y se registró el número de ejemplares parásitos así como su estado de desarrollo.

Al mismo tiempo, se solicitó a Puertos del Estado, perteneciente al Ministerio de Fomento, la temperatura del agua en la principal área de muestreo y a la Dirección General de Pesca de las Islas Baleares, los registros de las capturas realizadas durante los últimos años. De hecho, “un factor que podría haber favorecido el contagio de los peces es la temperatura del agua, ligeramente más elevada durante los últimos años”, añade Montero.

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