Investigadores de la UNED han medido la dispersión urbana de la Comunidad de Madrid entre 1990 y 2006 utilizando una nueva metodología basada en la aplicación de las nuevas tecnologías de la información en el ámbito geográfico. El momento álgido de este fenómeno tuvo lugar en la década de los noventa y comenzó a decrecer a partir del año 2000, tal y como se publica en la revista GeoFocus.

Ocupación del suelo residencial de la Comunidad de Madrid (1990, 2000 y 2006). / JMSP

Ocupación del suelo residencial de la Comunidad de Madrid (1990, 2000 y 2006). / JMSP

divulgaUNED
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23 abril 2013 09:38

A partir de la década de los ochenta, al patrón tradicional de ciudad compacta mediterránea que caracterizaba a la Comunidad de Madrid, se sumaron algunos rasgos propios del modelo urbano disperso, característicos de las ciudades norteamericanas y del norte de Europa. Este nuevo espacio urbano, discontinuo, disperso y fragmentado, se convertía en un fenómeno difícil de medir.

Investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) han desarrollado un nuevo método para cuantificar esta dispersión y lo han usado en esta comunidad con el fin de evaluar la transformación sufrida por su espacio urbano entre los años 1990 y 2006.

“La dispersión tuvo un momento álgido en la década 1990-2000, disminuyendo en los años posteriores debido a la revitalización de la construcción de viviendas sobre patrones más compactos de ocupación del suelo”, explica José Miguel Santos, investigador del departamento de Geografía de la UNED y autor principal del trabajo, que se publica en la revista GeoFocus.

Para definir el patrón de crecimiento urbano, los investigadores usaron como variables la densidad residencial, la ruptura de la contigüidad y la distancia respecto al centro urbano. Por último, emplearon las Tecnologías de la Información Geográfica (un tipo especializado de TIC) para automatizar y gestionar toda la información referenciada, utilizando el píxel (celda cuadrada de dimensiones limitadas) como unidad espacial de medida de la dispersión.

“Un píxel de tamaño reducido permite una gran flexibilidad en la medición de las propiedades del espacio urbano”, destaca el investigador. Como novedad, el estudio asocia el volumen de población a este espacio, lo que supone el traslado de esta magnitud desde la unidad censal a cada píxel.

“Un píxel de tamaño reducido permite una gran flexibilidad en la medición de las propiedades del espacio urbano”

Cambio de década y de densidad

Con este método, los investigadores analizaron toda la información obtenida, separando dos períodos de tiempo (1990-2000 y 2000-2006) para valorar la evolución temporal del fenómeno, teniendo en cuenta, además, la distribución de la década anterior. Así, el estudio revela que, a comienzos de los ochenta, junto a las elevadas densidades de las ciudades dormitorio de los años anteriores, en la Comunidad de Madrid comenzó a aparecer un nuevo tejido residencial, caracterizado por densidades de ocupación medias y medio-bajas.

En la década de los noventa, el desarrollo disperso se afianzó, destacando el peso del tejido residencial de baja densidad próximo a los núcleos urbanos en forma de viviendas unifamiliares de adosados, pareados e independientes, además de construcciones multifamiliares de baja densidad. En este sentido, “se constata un proceso de convergencia entre los tipos edificatorios dominantes: la vivienda unifamiliar adopta formas más urbanas (adosados, pareados), mientras que la colectiva se adapta al paisaje de la periferia (bloques bajos en parcela privada)”, apunta Santos.

Estas nuevas pautas de crecimiento afectaron sobre todo al oeste y norte metropolitanos. Aún así, el crecimiento denso y compacto continuó produciéndose de forma residual, como inercia de la etapa anterior. El estudio muestra un claro contraste entre sectores, al comparar los resultados del espacio geográfico noroeste –vertebrado en torno a la carretera de La Coruña (A6)– donde el nuevo tejido extensivo llegó a alcanzar hasta el 71,5 % del espacio urbanizado, frente al 28,4 % correspondiente a la malla urbanizada del sector sur.

La especulación disminuye la dispersión

En el segundo período analizado (2000-2006) se aprecia una diminución de esta dispersión debida, en especial, “a la calificación masiva de suelo en el municipio de Madrid ligado al desarrollo inmobiliario especulativo”, indican los investigadores.

De esta forma, aunque en la zona oeste aumentó la edificación, lo hizo en otros formatos más concentrados, con viviendas en bloques. Del mismo modo, en toda la periferia, el prototipo de vivienda unifamiliar alejada del casco urbano fue dejando paso a las viviendas colectivas.

En estos casi veinte años analizados, la heterogeneidad predomina como rasgo fundamental del paisaje urbano madrileño. “Si algo caracteriza a la metrópoli madrileña es, precisamente, la coexistencia de paisajes urbanos densos y compactos, con paisajes más fragmentados, menos densos y de una homogeneidad mayor”, señalan los autores.

Actualmente, debido a la crisis en el sector inmobiliario, “el freno de la expansión urbana es evidente, por lo que el fenómeno de la dispersión languidecerá durante los próximos años”, concluye Santos, quien recuerda que medir la dispersión urbana puede servir para plantear alternativas de sostenibilidad.

Referencia bibliográfica:

Santos Preciado, J.M., Azcárate Luxán, M. V., Cocero Matesanz, D. y Muguruza Cañas, C. “Medida de la dispersión urbana, en un entorno SIG. Aplicación al estudio del desarrollo urbano de la Comunidad de Madrid (1990-2006)”, GeoFocus, nº 13-1, 2013. ISSN: 1578-5157.

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