La vista de los humanos y de otros mamíferos está limitada a percibir un rango de ondas de luz llamado luz visible que incluye las longitudes de onda del arco iris pero la radiación infrarroja, que tiene una longitud de onda mayor, está a nuestro alrededor. La gente, los animales y cualquier otra fuente de energía emiten luz infrarroja al tiempo que dan calor y los objetos pueden también reflejar la luz infrarroja.

Un equipo multidisciplinario de la Universidad de Ciencia y tTecnología de China y de la Escuela de Medicina de la uUniversidad de Massachusetts han desarrollado la tecnología necesaria para modificar las estructuras existentes en el ojo para poder percibir la luz infrarroja.

Cuando la luz entra en el ojo y llega a la retina los conos y los bastones, es decir las células fotorreceptoras, absorben los fotones con luz visible y envíen la correspondiente señal eléctrica al cerebro. Como la luz infrarroja está en una frecuencia de onda demasiado larga para ser absorbida por los fotorreceptores no somos capaces de percibirla.

En este trabajo los científicos hicieron nanoparticulas que podían fijarse a los fotorreceptores y actuar como transmisores de infrarrojos. Cuando la luz infrarroja llega a la retina las nanopartículas capturan esa luz de mayor frecuencia y emiten una señal de frecuencia más corta dentro del rango de la luz visible. Los conos o bastones cercanos entonces absorben la luz con frecuencia de onda más bajas y envían una señal normal al cerebro como si se tratara de luz visible que ha llegado a la retina.

Los investigadores probaron sus nanoparticulas en ratones los cuales, al igual que los humanos, no pueden ver la luz infrarroja naturalmente. Los ratones que recibieron las partículas inyectadas mostraron acciones inconscientes que demostraba que estaban recibiendo o percibiendo la luz infrarroja como la contracción de la pupila mientras que los ratones que no habían sido inyectados con las nanoparticulas solo respondían a estímulos de luz normales.

En algunos casos se produjeron efectos secundarios tras las inyecciones de nanoparticulas tales como turbiedad en la córnea pero desaparecieron en menos de una semana. Esto podría haberse debido a la propia inyección ya que otros ratones que recibieron la misma solución con el mismo excipiente pero sin las nanopartículas investigadas tuvieron una tasa similar de efectos secundarios.

Las tecnologías actuales de infrarrojos se basan en detectores y cámaras que están a menudo limitadas por la luz ambiente durante el día y necesitan fuentes de alimentación externas. Los investigadores creen que estas nanopartículas son mucho más efectivas para potenciales aplicaciones en el campo civil y militar. En el futuro seguramente se desarrollarán aplicaciones aprobadas por las correspondientes administraciones sanitarias que permitirán a los seres humanos adquirir con naturalidad la visión infrarroja.

Los investigadores también creen que se podrá seguir trabajando en este y en otros aspectos de la visión humana y nos llevarán a conseguir capacidades que están más allá de nuestros límites naturales.

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