No deja de sorprender que en estos días las teorías terraplanistas sigan captando adeptos y que en una sociedad con altos niveles de alfabetización el terraplanismo tenga tanta repercusión pública.

El terraplanismo es la afirmación de que la Tierra es plana, no una esfera ligeramente achatada por los polos. Según este movimiento, para que la inmensa mayoría de los habitantes del planeta tengamos la certeza de que vivimos en un cuerpo esférico, existe una enorme conspiración universal. No se sabe con qué objeto ni quienes son los promotores o financiadores de esa conspiración pero se trata de una maquinaria gigantesca perfectamente engrasada a nivel global en la que participan todos los científicos, gobernantes y técnicos de la Humanidad.

Hace ya 2.200 años Eratóstenes (276 a.C. – 194 a.C.), el bibliotecario mayor de Alejandría afirmó que la Tierra tenía una circunferencia de 250.000 estadios áticos (174 m.) es decir, 43.500 kilómetros, simplemente midiendo la diferencia de la sombra de dos varas iguales a la misma hora del día 21 de junio situada una en Alejandría y otra en Assuán, situada ésta 1.000 km. más al sur, cerca del Trópico de Cáncer (el que está más al norte; el del sur es el Trópico de Capricornio). Fue también el primero en hacer un mapa con meridianos y paralelos.

Desde entonces, la Ciencia nos ha facilitado múltiples mediciones de todo nuestro planeta y fueron exploradores españoles los primeros que navegaron alrededor del globo.

Por eso sorprende tanto que a estas alturas un número tan grande de freaks, en el peor sentido de la palabra, nos vengan ahora con todas esas milongas. La respuesta, desde luego no está en la Ciencia; no hay nada que hacer frente a las creencias o las religiones desde el punto de vista científico. Si alguien quiere creer en dios que no puede ver, tocar o ni siquiera demostrar, no hay razonamiento alguno por el que un terraplanista tenga que renunciar a su credo: todo es una conspiración. Punto.

Pero viendo cómo se ha gestado ese movimiento y cómo se expande hay una solución «homeopática» para esa crisis: tiene que aparecer un movimiento espontáneo que crea que el terraplanismo es una conspiración orquestada por la CIA y el Grupo Bilderberg (Capitalistas S.A.) para tenernos entretenidos sin que nos demos cuenta del gran evento que nos va a pillar por sorpresa.

Sólo se necesitan unos cuantos youtubers y el apoyo de algunos medios de comunicación e influencers para viralizar su hipótesis, de modo que el terraplanismo tendrá que demostrar que no está financiado por entes malignos y que no está al servicio de un plan perverso lanzado desde el reverso tenebroso de la Humanidad.

¿Te apuntas?

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