«Imagínese juntar un montón de metal cinco veces más grande que la Gran Isla de Hawaii y ocultarlo bajo tierra. Esa es aproximadamente la cantidad de masa  que detectamos», dijo el autor principal Peter B. James,

El cráter en sí tiene forma ovalada, con un diámetro de 2.000 kilómetros, aproximadamente la distancia entre Madrid y Berlín y varios kilómetros de profundidad. A pesar de su tamaño, no puede ser visto desde la Tierra porque está en el lado opuesto de la Luna.

El estudio — «Deep Structure of the Lunar South Pole-Aitken Basin» — está publicado en la revista Geophysical Research Letters.

Para medir los cambios sutiles en la fuerza de la gravedad alrededor de la Luna, los investigadores analizaron los datos de las naves espaciales utilizadas para la misión del Laboratorio de Medición de la Gravedad Interior (GRAIL) de la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA).

«Cuando combinamos eso con los datos de topografía lunar del Orbitador de Reconocimiento Lunar, descubrimos una inesperada cantidad de masa en cientos de kilómetros por debajo de la cuenca del Polo Sur-Aitken», dijo James. «Una de las explicaciones de esta masa extra es que el metal del asteroide que formó este cráter sigue incrustado en el manto de la Luna.»

La densa masa — «sea lo que sea, de donde sea que haya venido» — está presionando la base de la cuenca casi un kilómetro hacia abajo, dijo. Las simulaciones por computadora de grandes impactos de asteroides sugieren que, bajo las condiciones adecuadas, un núcleo de hierro-níquel de un asteroide puede dispersarse en el manto superior (la capa entre la corteza de la Luna y el núcleo) durante un impacto.

«Hicimos los cálculos y demostramos que el núcleo disperso del asteroide que  impactó podría permanecer suspendido en el manto de la Luna hasta el día de hoy, en lugar de hundirse hasta el núcleo de la Luna», dijo James.

Otra posibilidad es que la gran masa pueda ser una concentración de óxidos densos asociados con la última etapa de solidificación del magma lunar en el océano.

James dijo que la cuenca del Polo Sur de Aitken, que se cree que fue creada hace unos 4.000 millones de años, es el cráter preservado más grande del sistema solar. Si bien es posible que se hayan producido mayores impactos en todo el sistema solar, incluso en la Tierra, la mayoría de ellos se han perdido.

James llamó a la cuenca «uno de los mejores laboratorios naturales para estudiar los eventos de impacto catastrófico, un proceso antiguo que dio forma a todos los planetas rocosos y lunas que vemos hoy en día».

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