UCM/DICYT La crisis por el coronavirus de Wuhan continúa a día de hoy con más de novecientas muertes –todas en Asia– y más de 40.000 personas contagiadas en una veintena de países. A la lucha por desarrollar cuanto antes una vacuna se suma la de confirmar su origen, sobre el que sobrevuelan diversas especulaciones, siendo el pangolín la última.

¿Qué se sabe sobre el origen del coronavirus de Wuhan hasta ahora? Al igual que en otros coronavirus como el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) y el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio), se trata de una zoonosis, una enfermedad transmisible de forma natural de los vertebrados a los humanos. En ocasiones, las zoonosis se transmiten directamente del reservorio –animal que hospeda al virus– a las personas, pero en otras actúan intermediarios (otros animales).

Según Victor Briones Dieste, Catedrático de Sanidad Animal de la Universidad Complutense de Madrid e investigador del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET), existen estudios publicados en The Lancet y Nature que han demostrado que secuencias genómicas de los virus de aislados enfermos, tienen un parecido de más del 90% con virus aislados previamente de murciélagos a partir de heces y otras muestras.

“El origen del coronavirus de Wuhan podría estar en los murciélagos, pero no se sabe si ha habido intermediarios o no entre estos y las personas. Como no es época de venta de murciélagos en el mercado al estar hibernando, parece que podrían haber intervenido animales intermediarios”, aclara el experto.

En esa búsqueda del intermediario es donde ha entrado en escena este fin de semana el pangolín, al igual que lo hizo la serpiente al principio de este brote. “En los mercados húmedos asiáticos también se ofrecen pangolines, pero hasta donde yo sé, no hay más evidencia científica”, indica Briones.

Un “manjar” víctima del exterminio

Los pangolines constituyen un Orden de mamíferos (Orden Pholidota) relacionado con los carnívoros (linces, tigres, etc.; O. Carnivora). “Sin embargo, y en contra de lo comentado en algunos medios de comunicación, no tiene ningún parentesco con los armadillos americanos, aunque comparten algunas similitudes”, apunta José Luis Tellería, investigador del Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la UCM.

El biólogo explica que los pangolines presentan una armadura compuesta de escamas y unas extremidades anteriores preparadas para excavar a la búsqueda de sus presas. Son animales muy especializados en una dieta mirmecófaga (termitas, hormigas) y están provistos de una lengua larga con la que capturan a estos insectos. Cuando se sienten amenazados, se enrollan sobre sí mismos y “son nocturnos, discretos y en absoluto agresivos o peligrosos”, añade.

Los pangolines se componen de ocho especies que varían mucho en tamaño (entre tres y treinta kilos). Cuatro son asiáticas y otras cuatro africanas. Según el grupo de especialistas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, tres de las especies asiáticas están en situación crítica, al borde la de la extinción debido al consumo abusivo de su carne y el uso de sus escamas en medicina tradicional.

“Tras el casi exterminio de sus poblaciones asiáticas, la fuerte demanda ha trasladado la presión extractora a África, donde dos de las especies están ya amenazadas y otras dos en situación vulnerable”, señala el biólogo de la UCM y compara este problema con el de las aletas de los tiburones, el marfil de los elefantes o los huesos de los tigres.

Tellería aboga por una mayor regulación y control efectivo de la captura y el uso de los pangolines y de otros animales salvajes para prevenir la aparición de estas epidemias que afectan al hombre y para proteger sus poblaciones silvestres.

Sin pruebas definitivas aún que demuestren que el pangolín colabora en la transmisión del coronavirus, si algo queda claro en esta crisis mundial es la falta de controles sanitarios en mercados como los de Wuhan. “En estos lugares hay costumbres religiosas, cuestiones culturales y de exhibición de estatus difíciles de suprimir. Esto significa que hay animales capturados en la naturaleza y que son vendidos sin vigilancia sanitaria”, concluye Briones.

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