El 11 de abril de 1970, el Apolo 13 surcó los cielos de Florida desde la plataforma de lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy en la punta de un enorme cohete Saturno V.

La misión, que fue tripulada por Jim Lovell, Jack Swigert y Fred Haise, era el tercer intento de aterrizaje lunar de la NASA. Haise se convertiría en la sexta persona en caminar por la superficie lunar, justo después del comandante de la misión Apolo 13, Jim Lovell, que se convertiría en el quinto.

Pero 56 horas más tarde, cuando el Apolo 13 estaba a unos 320.000 kilómetros de la Tierra, un tanque de oxígeno en el Módulo de Servicio de la nave espacial explotó. El objetivo de la misión pasó rápidamente de la exploración a la supervivencia.

«Después de la explosión, cuando volví a la nave nodriza, el Módulo de Mando, había estado en el Módulo Lunar haciendo un programa de televisión. En realidad, acababa de terminarlo y miré el panel y me di cuenta de que habíamos perdido el tanque de oxígeno 2», dijo Haise a Fox News durante una entrevista en 2019. «Yo estaba francamente, inmediatamente me golpeó la decepción, sabía que teníamos que cancelar la misión de aterrizaje.»

Todo el proceso de regreso a casa empezó con la famosa frase «Houston, tenemos un problema».

Lo que siguió a continuación fue una obra maestra de ingeniería en la que los equipos de Tierra de la NASA consiguieron dar instrucciones para que, con los medios disponibles en el módulos espacial, se fabricasen filtros que permitiesen mantener suficiente aire respirable hasta llegar a casa y lo lograron a duras penas. Todo el país y el mundo entero estuvo pendiente de si serían capaces de regresar o serían los primeros navegantes espaciales fallecidos fuera del planeta pero al final, todo salió bien.

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