Al analizar conjuntos de datos de meses y años de duración de más de 300 estaciones sísmicas de todo el mundo, un estudio pudo mostrar la reducción del ruido sísmico en muchos países y regiones, lo que permitió visualizar la «ola» resultante moviéndose a través de China, luego a Italia y alrededor del resto del mundo.

La reducción sísmica incluye el efecto total de las medidas de distanciamiento físico/social, la reducción de la actividad económica e industrial y la disminución del turismo y los viajes. Este período de calma es la reducción de ruido sísmico antropogénico global más larga y prominente que jamás se haya registrado.

Confinamiento sísmico

El estudio comenzó cuando Thomas Lecocq, geólogo del Real Observatorio de Bélgica y autor principal del estudio en Science, decidió que la mejor manera de abordar el problema de analizar los datos de todo el mundo era compartir su método con la comunidad sismológica. Así se inició una colaboración en la que participaron 76 autores de 66 instituciones de 27 países, entre ellos William Minarik, profesor del departamento de ciencias terrestres y planetarias de McGill.

Los efectos ambientales de los cierres pandémicos son amplios y variados, incluyendo la reducción de las emisiones en la atmósfera y la reducción del tráfico y la contaminación acústica que afecta a la vida silvestre. Este nuevo estudio es el primer estudio global del impacto de este período tranquilo -conocido como andropausa- en la Tierra sólida bajo nuestros pies.

La caída en 2020 del «zumbido» antropogénico no tiene precedentes.

El estudio ha mostrado la primera evidencia de que las señales de terremotos previamente ocultas, especialmente durante el día, aparecían mucho más claras en los sensores sísmicos de las zonas urbanas durante el confinamiento. Minarik pudo utilizar los datos de los sensores ubicados en Montreal, Toronto y Vancouver para mostrar un silenciamiento similar al observado por sus colegas en todo el mundo.

«Por lo general, los sismómetros están ubicados en zonas rurales remotas para evitar este ruido urbano, y muestran sólo ligeros efectos del confinamiento por el COVID-19. Afortunadamente, Montreal tiene una estación de banda ancha dirigida por el Sismógrafo Nacional Canadiense que muestra claramente este silenciamiento coincidiendo con el inicio del confinamiento», dice Minarik.

El ‘zumbido’ humano

El documento también enumera las áreas en las que los investigadores no detectaron ningún silencio. En los datos de Edmonton, Calgary, Sudbury, y Victoria, Minarik no pudo mostrar silenciamiento, ya sea porque los sensores estaban ubicados cerca de una parte de la ciudad donde el ruido no cambió o debido a las variaciones provinciales en la severidad del encierro.

Tradicionalmente, la sismología se centra en la medición de las ondas sísmicas que surgen después de los terremotos. Sin embargo, los registros sísmicos de fuentes naturales están contaminados por las vibraciones de alta frecuencia («zumbido») de los humanos en la superficie: caminar por la superficie, conducir coches y coger el tren, crean firmas sísmicas únicas en el subsuelo. La industria pesada y el trabajo de construcción también generan ondas sísmicas que se registran en los sismómetros.

La caída del «zumbido» antropogénico en 2020 no tiene precedentes. El estudio muestra que las reducciones más fuertes de ruido sísmico se encontraron en las zonas urbanas, pero los autores también notaron los efectos del confinamiento en los sensores enterrados a cientos de metros en el suelo y en zonas más remotas, como en el África subsahariana.

Preservar la privacidad

Ha habido una serie de informes sobre la desaceleración económica y social asociada al cierre de COVID-19, sin embargo, muchos de ellos han planteado preocupaciones sobre la privacidad porque se basan en índices de movilidad derivados del seguimiento de teléfonos móviles o de búsquedas en la web.

Lecocq y sus colaboradores pudieron utilizar sus datos sobre el ruido sísmico para desarrollar un nuevo método de cuantificación de la movilidad urbana, un enfoque que proporciona información anónima con un riesgo reducido de violaciones de la privacidad en comparación con los métodos basados en los teléfonos móviles.

Con la creciente urbanización y el aumento de la población en todo el mundo, más personas vivirán en zonas geológicamente peligrosas, por lo que cada vez es más importante identificar el ruido antropogénico que causan los seres humanos para que los sismólogos puedan escuchar mejor a la Tierra, especialmente en las ciudades, y vigilar los movimientos del suelo bajo nuestros pies.

5 Comentarios

  1. La verdad es que yo creo que eso del confinamiento y el coronavirus nos ha dejado un montón de lecciones ocultas que no estamos viendo ver y que la tierra nos agradecería que no se entera semos

    • Tienes razón pero la especie humana es tan tozuda y va con la vista tan puesta en el bienestar material que todo esto no se tendrá en cuenta y en cuanto descubran la vacuna, todos a volar de nuevo.

      • A lo mejor es que sois funcionarios y os han seguido pagando y os preocupa mucho el medio ambiente pero a los que tenemos hipoteca y nos hemos quedado en la calle, os aseguro que necesitamos que todo eso vuelva a funcionar como antes o no podremos pagar más impuestos y nos echarán de nuestra casa y a vosotros os acabarán haciendo recortes.

  2. Puffff… es que ¿quién no conoce una cantera en tal o cuál sitio? Imagínate la de canteras que hay en todo el mundo e imagínate ahora que en cada una de ellas se explota un barreno de dinamita al día.

    Lo que no sé ya es como los sismógrafos aciertan con los terremotos, con el runrún que tiene que haber ahí abajo.

    • Bueno… cuando mis vecinos de arriba se entonan algunos sábados, en los sismógrafos de todo el mundo deben aparecer unos borrones como la copa de un pino.

      Jejeje

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