Llevamos más de un año viviendo las devastadoras consecuencias de un coronavirus altamente transmisible. Aunque la pandemia que ha provocado no tiene precedentes en muchos sentidos, el nuevo coronavirus que causa el Covid-19 es sólo uno de los muchos coronavirus relacionados con el SARS que acechan en la fauna de algunas regiones del mundo, muchos de los cuales podrían, en teoría, saltar a las poblaciones humanas si se dan las condiciones adecuadas.

Averiguar cuáles son esas condiciones es una prioridad urgente y los científicos han hecho muchos progresos en ese frente. Han aprendido, por ejemplo, que cuando los bosques se fragmentan por la deforestación o las carreteras, aumenta la probabilidad de que un virus se «desborde» de los animales a los humanos. Lo que resulta más misterioso es dónde, exactamente, se reúnen esas condiciones para crear el mayor riesgo de que surja el siguiente coronavirus.

Un nuevo análisis, publicado el lunes en la revista Nature Food, empieza a dar respuesta a esta importante cuestión, concretamente señalando dónde podría saltar otro coronavirus a los humanos desde los murciélagos de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), que se sabe que son portadores de coronavirus relacionados con el SARS. Combinando datos sobre los hábitats de los murciélagos de herradura, los cambios en el uso del suelo, la densidad de población humana y otros factores que se sabe que aumentan el riesgo de contagio, los investigadores elaboraron un mapa de «puntos calientes» en Asia y Europa donde el riesgo es mayor.

Aunque el estudio no ofrece nuevos datos sobre los orígenes del nuevo coronavirus, que los investigadores sospechan que procede de los murciélagos, sí señala dónde podrían surgir coronavirus similares en el futuro. El estudio considera alarmante que en muchas regiones, especialmente en el sur de China, el riesgo de propagación sea elevado. Y proporciona una prueba más de que la prevención de la próxima pandemia de coronavirus requerirá la reducción de las causas fundamentales de un brote, como la deforestación.

Los brotes de enfermedades zoonóticas -es decir, las que provienen de los animales- van en aumento. Y, desgraciadamente, nosotros tenemos gran parte de la culpa. Según un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), la deforestación y la destrucción del hábitat de la fauna silvestre son algunos de los principales factores que impulsan las pandemias. De hecho, casi un tercio de las nuevas enfermedades que han surgido desde 1960, como el ébola, pueden atribuirse al cambio en el uso de la tierra, indica el informe.

En el fondo, el problema del cambio de uso del suelo es que crea más oportunidades para que los humanos entren en contacto con la fauna. La fragmentación de un bosque, por ejemplo, aumenta la cantidad de bordes forestales -donde los bosques se encuentran con los asentamientos humanos- y lleva a los animales salvajes a las zonas urbanas. «Los bordes de los bosques tropicales son una importante plataforma de lanzamiento de nuevos virus humanos», escribió un grupo de científicos en Science el verano pasado.

Las investigaciones han demostrado que los seres humanos y sus animales de granja tienen más probabilidades de entrar en contacto con la fauna salvaje cuando ha desaparecido más de una cuarta parte del bosque original, y que los murciélagos de la fruta tienen más probabilidades de buscar comida cerca de los humanos cuando su hábitat se ve afectado. Además, la destrucción de los hábitats puede hacer que la fauna silvestre que puede albergar patógenos humanos -como los murciélagos y los roedores- sea más abundante.

El cambio en el uso de la tierra es sólo uno de los factores que, según los científicos, podría ayudar a que un virus salte de los animales a los humanos. Las poblaciones humanas densas también suponen un riesgo, al igual que las prácticas agrícolas intensivas. El ganado, por ejemplo, puede albergar una serie de patógenos y ha estado implicado en varios brotes importantes, como la gripe H1N1 y el virus Nipah. El riesgo es aún mayor en las explotaciones agrícolas modernas, que tienden a albergar un gran número de animales en espacios reducidos y, a menudo, esos animales tienen sistemas inmunitarios débiles.

Hasta la fecha, la mayor parte de la investigación sobre los coronavirus se ha centrado en cómo saltan de un ser humano a otro, dijo Paolo D’Odorico, coautor del estudio y profesor de ciencias ambientales en la Universidad de California Berkeley. Si bien esto supone un beneficio obvio, ha dejado una laguna en nuestra comprensión de cómo estos virus pasan de la vida silvestre a los seres humanos, que D’Odorico y sus coautores trataron de ayudar a llenar.

Cuando comenzaron los confinamientos el año pasado, empezaron a recopilar datos sobre los cambios en el uso del suelo, la densidad del ganado, la densidad humana y otros factores de propagación. A continuación, superpusieron esos datos con el hábitat de los murciélagos de herradura en Asia y Europa. Se sabe que los murciélagos de herradura albergan un gran número de coronavirus relacionados con el SRAS, incluido uno estrechamente relacionado con el SRAS-CoV-2, el virus que causa el Covid-19.

Con toda esa información, los investigadores elaboraron el mapa de puntos calientes, que destaca las zonas en las que esos factores de riesgo coinciden con los hábitats de los murciélagos. Los puntos rojos oscuros indican las zonas en las que existe un alto riesgo de que un coronavirus salte a las poblaciones humanas, explica David Hayman, coautor del esudio y profesor de ciencias veterinarias de la Universidad de Massey (Nueva Zelanda). Los puntos azules, por el contrario, indican que hay relativamente pocos factores de propagación.

Lo más importante, según Hayman, es que todavía hay grandes zonas del sur de China en las que existe un alto riesgo de que surja un nuevo coronavirus. «Las condiciones para la propagación siguen estando ahí», dijo Hayman. «Eso significa que es muy posible que se produzcan nuevos brotes».

Es importante destacar que los científicos también trazaron un mapa de las regiones que aún no son puntos calientes, pero que podrían convertirse pronto en ellos si se produce un aumento de la fragmentación de los bosques u otros factores conocidos de propagación. Entre ellas se encuentra una zona al sur de Shanghai (China), además de Japón y el norte de Filipinas.

El hecho de que una zona concreta tenga un mayor riesgo de contagio no significa que sea probable que se produzca o que se convierta en una pandemia. Diversas medidas, como los protocolos para proteger al ganado de la enfermedad -que no se incorporaron al estudio- pueden disminuir el riesgo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here