La NASA ha decidido enviar dos nuevas misiones a Venus, nuestro vecino planetario más cercano, por lo que será la primera vez que la agencia se dirija a este abrasador mundo en más de tres décadas.

La noticia ha entusiasmado a los científicos planetarios, que desde hace tiempo sostienen que Venus merece más atención porque podría ser un cuento con moraleja de un mundo agradable, parecido a la Tierra, que de alguna manera se torció fatalmente.

A Venus se le ha llamado el «gemelo maldito» de la Tierra porque tiene más o menos el mismo tamaño que ésta y probablemente se formó con materiales similares; incluso podría haber tenido en algún momento océanos de agua líquida.

Pero parece que Venus ha sufrido un efecto invernadero brutal. Las temperaturas en su superficie superan ahora los 400 grados centígrados y su atmósfera es tóxica para los humanos.

El nuevo administrador de la NASA, Bill Nelson, ha anunciado que, tras considerar cuatro propuestas diferentes para su Programa Discovery, entre las que se encuentran los viajes propuestos a las lunas de Júpiter y Neptuno, la agencia se ha decantado por Venus.

Las dos misiones son VERITAS, una misión para cartografiar la superficie de Venus y comprender su historia geológica, y DAVINCI+, una misión que enviaría una esfera de instrumentos a través de la temible atmósfera de Venus, que está llena de nubes hechas de gotas de ácido sulfúrico y otras sustancias químicas desconocidas.

«Estas dos misiones hermanas pretenden comprender cómo Venus se convirtió en un mundo infernal capaz de fundir plomo en la superficie», dijo Nelson en su primer discurso ante los trabajadores de la NASA. «Ofrecerán a toda la comunidad científica la oportunidad de investigar un planeta al que no hemos ido en más de 30 años».

Estas misiones a Venus podrían estar listas para ser lanzadas en 2026, pero el momento exacto aún está por determinar. La mejor solución, si fuese posible, sería lanzarlas con un solo cohete.

El mayor misterio es si Venus tuvo océanos y si fue habitable durante miles de millones de años. Algunos tipos de roca sólo se forman en el agua, así que se podría saber con los orbitadores de ambas misiones.

La misión VERITAS tendrá una sonda en órbita con instrumentos que permitirán a los científicos crear reconstrucciones detalladas en 3D del paisaje del planeta y revelará si Venus tiene placas tectónicas y volcanes activos.

La sonda de descenso DAVINCI+ olfatearía los gases atmosféricos para medir con precisión su composición y estaría equipada con cámaras que podrían tomar fotos de la superficie durante el descenso.

Todavía hay mucho misterio sobre Venus, a pesar de que fue el primer planeta que exploró la NASA en la innovadora misión Mariner 2 que pasó por Venus en 1962. Era la primera vez que una nave espacial alcanzaba con éxito otro mundo en una época en la que los planetas sólo se conocían mirándolos a través de telescopios. Por aquel entonces, se pensaba que Venus, cubierto de nubes, era otra Tierra, aunque quizá con un clima más cálido y tropical. El Mariner 2 reveló que su superficie no podía albergar vida.

Mientras que las sondas enviadas a Marte han mandado muchas imágenes panorámicas que muestran la belleza del planeta rojo, las imágenes de la superficie de Venus son difíciles de conseguir. El calor y la intensa presión simplemente funden las naves espaciales. Sin embargo, algunos investigadores han propuesto que la vida podría vivir en Venus residiendo en sus nubes, ligeramente menos hostiles pero altamente ácidas. El año pasado, un grupo afirmó haber detectado en la brumosa atmósfera del planeta signos de un gas que se sabe que está relacionado con la vida.

La última nave espacial de la NASA enviada en misión a Venus fue Magallanes, lanzada en 1989 para cartografiar su superficie. Su trabajo demostró que gran parte del planeta estaba cubierto de flujos volcánicos. La nave se quemó en la dura atmósfera venusina unas 10 horas después de recibir la orden de sumergirse en la superficie.

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