A medida que la guerra en Ucrania va empeorando, la aplicación de mensajería Telegram se ha convertido en el lugar al que acuden los refugiados ucranianos y los rusos, cada vez más aislados, para recibir información en directo sobre la guerra.

Para los rusos la opción es clara ya que Twitter y Facebook han sido vetados en el país por orden de Vladimir Putin.

Lo que distingue a Telegram de sus competidores es el uso de lo que se conoce como canales públicos o privados, que son feeds de fotos y vídeos que pueden ser creados por una persona o una organización. Los canales se han hecho populares entre los periodistas en el frente, los cooperantes y el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, que emite en un canal de Telegram. Los canales pueden ser seguidos por un número ilimitado de personas. A diferencia de Facebook, Twitter y otras redes sociales populares, en Telegram no hay publicidad y el flujo de información no se rige por un algoritmo.

Telegram, que apenas vigila sus contenidos, también se ha convertido por eso mismo en un centro de propaganda y desinformación rusa y muchos canales pro-Kremlin se han hecho bastante populares.

Pavel Durov, el Mark Zuckerberg ruso

Pavel Durov, director general de Telegram, es conocido como «el Mark Zuckerberg ruso», por haber cofundado VKontakte, que en ruso significa «en contacto», una imitación de Facebook que se convirtió en la red social más popular del país.

En 2014, Pavel Durov huyó del país después de que unos «amigos» del Kremlin se hicieran con el control de su red social. La agencia de inteligencia rusa había pedido a Durov que entregara los datos de los manifestantes anti-Kremlin. Durov se negó a hacerlo y eso desencadenó una especie de batalla campal por el control de la plataforma que Durov acabó perdiendo.

Tras huir de Rusia, los hermanos fundaron Telegram como una forma de comunicarse fuera de la órbita del Kremlin. Ahora la dirigen desde Dubái y Pavel Durov dice que tiene más de 500 millones de usuarios activos mensuales.

¿Es Telegram totalmente seguro?

A pesar de los orígenes de Telegram, su enfoque de la seguridad tiene preocupados a los defensores de la privacidad.

Los mensajes no están totalmente encriptados por defecto. Eso significa que la empresa podría, en teoría, acceder al contenido de los mensajes, o verse obligada a entregar los datos a petición de un gobierno aunque hasta ahora presumen en su página web de haber «revelado 0 bytes de datos de usuarios a terceros, incluidos los gobiernos».

El estándar de oro del cifrado, conocido como cifrado de extremo a extremo, en el que sólo el remitente y la persona que recibe el mensaje pueden verlo, está disponible en Telegram sólo cuando la función de chat secreto está activada. No es automática, como ocurre en Signal y WhatsApp. Las llamadas de voz y vídeo también están completamente encriptadas pero como los chats de grupo y las funciones de canal no están encriptados de extremo a extremo, la privacidad del usuario queda en entredicho.

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