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Elon Musk en Twitter

Aunque públicamente había dejado pistas sobre la posible creación de una nueva red social, en realidad Elon Musk estaba ejecutando una compra masiva de acciones de Twitter

Mucho antes de los coches eléctricos y las naves espaciales, antes de los trenes de alta velocidad y el Internet por satélite, Elon Musk ya estaba en el negocio de los contenidos.

En 1996, Zip2, la empresa que había fundado con su hermano, empezó a ofrecer a los periódicos un servicio que les permitiría crear directorios en línea de anuncios clasificados, listados inmobiliarios, ofertas de coches y eventos. Internet era todavía una herramienta nueva y misteriosa y las empresas medios estaban encantadas de recibir ayuda para adentrarse en ese nuevo mundo. Incluso el New York Times se apuntó. El negocio era tan lucrativo que los hermanos Musk trasladaron en poco tiempo Zip2 a una oficina más grande para hacer sitio a todos sus nuevos empleados.

Musk se abrió una cuenta en Twitter en 2010. Para entonces, la era de Zip2 había quedado muy atrás, ya que la empresa se vendió en 1999 en un negocio que hizo millonario a Musk. Su hermano, Kimbal, probó suerte en las redes sociales ese mismo año, creando una empresa sin éxito llamada Funky Talk. Elon Musk, como es sabido, pasó a desarrollar el coche eléctrico más popular del mundo y el único cohete actualmente capaz de lanzar astronautas desde Estados Unidos.

Ahora Musk ha vuelto a meterse en el negocio de los contenidos, esta vez como mayor accionista de Twitter y como nuevo miembro del consejo de administración. El consejero delegado de SpaceX y Tesla ha adquirido una participación del 9,2% en la plataforma de medios sociales por valor de unos 2.890 millones de dólares según el precio de cierre de las acciones de Twitter el viernes. El precio de las acciones de Twitter subió más del 27% en respuesta y al final del lunes, la inversión de Musk valía unos 3.700 millones de dólares.

A Musk le encanta Twitter. Es su medio preferido, una herramienta para comunicarse directamente con sus fans -ahí ha dejado caer importantes noticias de SpaceX- y el lugar para anunciar movimientos que generan titulares o hacen cambiar el precio de las acciones o de las criptomonedas antes de comprar o vender según convenga a su propio beneficio.

Hace unas semanas, Musk publicó una encuesta en Twitter en la que pedía a la gente que opinara sobre el enfoque de la red social respecto a la libertad de expresión. «Dado que Twitter sirve como plaza pública de facto, no adherirse a los principios de la libertad de expresión socava fundamentalmente la democracia. ¿Qué hay que hacer?», preguntó a sus 80 millones de seguidores. «¿Es necesaria una nueva plataforma?»

Es posible que la finalidad de ese tweet fuese rebajar el precio de las acciones de Twitter que estaba planeando comprar en secreto. Ya lo hizo con las criptomonedas y se embolsó unos cuantos cientos de millones en unas semanas.

Por otra parte, Elon Musk no siempre se ha mostrado como alguien que acepta que la gente diga lo que piensa, especialmente en sus propias empresas.
En Tesla Musk ha fomentado exactamente lo contrario: al parecer, ha despedido a empleados que no estaban de acuerdo con él, incluidos los que decían que los ambiciosos objetivos de producción de la empresa no eran realistas.

La pregunta que ahora se hace todo el mundo es ¿qué pasará ahora que ha entrado en Twitter como un elefante en una cacharrería? Musk tendrá influencia como miembro del consejo de administración y parece que tiene la intención de utilizarla y, para empezar, ha hecho una encuesta en Twitter a sus seguidores: «¿Quieres un botón de edición?» Y como ya ha hecho en otras ocasiones, está prestando mucha atención a sus fans más acérrimos. Cuando un popular YouTuber y fanboy de SpaceX hizo una sugerencia -una función de edición que esté disponible sólo durante unos minutos y que deje claro qué cambios se hicieron- Musk respondió: «Eso suena razonable».

No está claro lo que la nueva situació de Twitter pueda significar para el periodismo, por el que Musk siente un desprecio casi trumpiano o para las cuentas que Musk detesta personalmente, como @ElonJet, que publica información disponible públicamente sobre los movimientos del avión privado de Musk casi en tiempo real. El año pasado Musk ofreció al estudiante universitario de 19 años que mantiene la cuenta 5.000 dólares para que la cerrara, diciendo que estaba preocupado por su seguridad personal. Cuando el estudiante rechazó el pago -alegando que crear la cuenta le había costado un trabajo mucho más valioso- y pidió unas prácticas con Musk, éste le bloqueó.

El poder de Musk también podría plantear problemas directamente a Twitter. ¿Qué pasaría si tuitea algo que viola las propias reglas de Twitter? O, como en el caso del famoso tuit de los 420 dólares, si lanza un comentario que va en contra de la ley federal?

En 2020, el entonces consejero delegado de Twitter, Jack Dorsey, que dejó su cargo en noviembre, invitó a Musk a una charla para los empleados de la compañía. Dorsey pidió al empresario una crítica constructiva sobre la plataforma y luego añadió: «Por cierto, ¿quieres dirigir Twitter?». Entonces bromeaba, pero hoy la participación de Musk en la compañía es cuatro veces mayor que la de Dorsey. Todavía está por ver cómo utiliza ese poder.

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