Published On: Mar, Jul 19th, 2005

Cambio climático y enfermedades

Europa Press

Científicos expertos en cambio climático advierten de que enfermedades infecciosas, como el dengue, la malaria o la fiebre del Nilo, podrían verse potenciadas en nuestro país como consecuencia del cambio climático y dada la proximidad del continente africano, aunque en principio sin llegar a convertirse en endémicas. Precisan que “no existe una evidencia inequívoca” de que hasta ahora se haya modificado sustancialmente la epidemiología de estas enfermedades.

Al mismo tiempo recuerdan que, según estudios recientes, las acciones para reducir las emisiones de gases contaminantes tendrían efectos beneficiosos ya a corto plazo en la salud de los ciudadanos, y no a largo plazo, como se pensaba antes.

Estos expertos, participantes en el informe de “Evaluación preliminar de los impactos en España por efectos del cambio climático”, realizado al amparo del convenio de colaboración entre el ministerio de Medio Ambiente y la Universidad de Castilla-La Mancha, recomiendan “encarecidamente” que se realice en España una “evaluación del posible impacto del cambio climático en la salud, al igual que se ha realizado en otros países como Estados Unidos”, así como un sistema de vigilancia epidemiológica de los efectos de la contaminación.

Con ello, según especifican en el estudio, recogido por Europa Press, no sólo se daría cumplimiento a un mandato de los responsables de políticas de salud y medio ambiente, sino que se tendría el material y el conocimiento suficiente para abordar, de forma multidisciplinar, los posibles problemas derivados del cambio y sus especificaciones en función de las distintas regiones.

ENFERMEDADES INFECCIOSAS

Los científicos consideran que la proximidad de España con el continente africano y su naturaleza de lugar de tránsito obligado de aves migratorias y personas, así como por sus condiciones climáticas cercanas a las de zonas donde hay transmisión de enfermedades infecciosas, le hacen un país en el que el cambio climático podría potenciar estas enfermedades, como sería el caso del dengue, encefalitis del Nilo occidental, malaria, leishmaniosis y distintos tipos de fiebre transmitidos por mosquitos, garrapatas o roedores.

A ello contribuirían el aumento de temperatura, tanto ambiental como del agua, que favorece la multiplicación de los animales (vectores) transmisores de estas enfermedades, y las variaciones en las precipitaciones, ya que el ambiente húmero las favorece igualmente y la sequía crea remansos de aguas estancadas que constituyen un caldo de cultivo.

No obstante, al mismo tiempo puntualizan que, “para el establecimiento de auténticas áreas de endemia es necesaria la conjunción de otros factores, como el aflujo masivo y simultáneo de reservorios animales o humanos y el deterioro de las condiciones sociosanitarias y de los servicios de salud pública”.

Así, señalan que el “potencial malariogénico de España es muy bajo y el restablecimiento de la enfermedad es muy improbable”, salvo que se dieran las condiciones antes citadas de forma “drástica y rápida”, y lo mismo sucede con el resto de las enfermedades vectoriales, si bien en algunos casos la probabilidad de extensión en España es más probable, como sucedería con el dengue.

En todo caso, los expertos consideran “fundamental”, dado que no hay una normativa específica al respecto, el reconocimiento del riesgo a nivel oficial y la necesidad de no desdeñarlo, manteniéndose vigilantes al problemas compilando datos climáticos y estadísticos de enfermedades infecciosas para poder instaurar precozmente, en casos de alerta, las campañas adecuadas de salud pública que disminuyan la vulnerabilidad de la población a estas dolencias mediante estrategias de vacunación, control de vectores y tratamiento de aguas.

CONTAMINACION ATMOSFERICA

Por lo que se refiere a la contaminación atmosférica, los científicos certifican que ya numerosos estudios en todo el mundo han demostrado que es crucial en la aparición de enfermedades e incluso de casos de muerte entre la población y, de hecho, se le considera responsable del 1,4 por cierto de todas los fallecimientos que se producen en el planeta.

Aunque reconocen que los límites de contaminación se mantienen en torno a los valores establecidos por la normativa europea, dada su indudable repercusión en la salud humana, especialmente en colectivos de riesgo, consideran imprescindible que se inicie un protocolo de monitorización de la calidad del aire y el establecimiento de unos estándares.

Pero sobre todo, recuerdan que la medida más importante es la disminución de las emisiones de gases contaminantes implicando a todos los sectores involucrados y desarrollar, además, actuaciones encaminadas a la educación de la salud y la promoción de hábitos saludables entre los ciudadanos. “Es necesario poner más énfasis en la participación para la solución de muchos de estos problemas –apuntan– y así asegurar una participación comunitaria activa”.

TEMPERATURAS EXTREMAS

El tercer factor motivado por el cambio climático con afectación a la salud humana son las temperaturas extremas, tanto en verano como en invierno, que provocan una importante morbimortalidad en colectivos de riesgos, principalmente por enfermedades respiratorias y circulatorias.

Por ello, y teniendo en cuenta que se considera que el incremento en la tasa de mortalidad relacionada con el calor habría pasado de un 6 por ciento entre 1980 y 1990 y de hasta el 15 por ciento en 2020 y el 35 por ciento en 2050, los expertos destacan la necesidad de “articular las medidas de adaptación a las temperaturas extremas en función de la población de cada lugar”, ya que se ha demostrado que la mayor morbimortalidad se produce en las zonas donde hay menos costumbre de padecer temperaturas extremas, debido a la poca adaptación a la situación por las personas y sus viviendas.

Además, abogan por el establecimiento de sistemas de alerta temprana “in situ” ante posibles extremos térmicos para detectarlos antes de que se produzcan, la adecuada planificación urbana para mitigar los efectos de “isla térmica” con construcciones bioclimáticas que aseguren el confort de sus habitantes con el mínimo consumo energético y, sobre todo, la formación e información a la población sobre las medidas a seguir en estas situaciones.

Ante esta situaciones extremas, que en verano de 2003 causaron miles de muertes en toda Europa a causa del calor, los científicos consideran imprescindible contar con modelos de evolución de morbimortalidad basados en series temporales lo suficientemente extensas en el tiempo para poder detectar precozmente los posibles cambios en sus patrones de comportamiento.

Aunque en el caso de las temperaturas extremas es el que más incertidumbres hay sobre la afectación del cambio climático, estos expertos defienden que también sería “imprescindible” la puesta en marcha de actuaciones en gestión hospitalaria que permitan la adecuación de los servicios sanitarios cuando la situación lo requiera”, así como una coordinación con los servicios sociales que trabajan con estratos sociales menos favorecidos.



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