Published On: Mar, Mar 25th, 2008

Biomonitorización con pingúinos

Europa Press

El estudio permitirá comparar los resultados con los de restos de ejemplares congelados para relacionarlos con el cambio climático

La Universidad de Murcia (UMU) realizará un proyecto de investigación sobre la contaminación ambiental en la Antártida mediante el análisis de la presencia de metales pesados y plaguicidas en tres especies de pingúinos, según informó a Europa Press el profesor titular del área de Toxicología de la UMU y director del estudio, Miguel Motas Guzmán.

Y es que los pingúinos son “idóneos” para el trabajo desde el punto de vista de la “biomonitorización” ambiental por ser especies de vida larga y situarse en la parte alta de la cadena trófica (pirámide de alimentación), de forma que son capaces de acumular y magnificar la contaminación ambiental.

En este sentido, el pingúino almacena los metales que proceden de su dieta de microcrustáceos (Krill) y peces, además del que respira y bebe, y al ocupar un lugar alto en la pirámide alimentaria, según Motas, se convierte “en un testigo o reflejo del contexto en el que se desenvuelve”.

Además, el pingúino “juega un papel fundamental dentro del ecosistema antártico”, y la exposición de estas especies a contaminantes ambientales “se convierte en clave también para el funcionamiento del conjunto biótico antártico”, precisó el comunicado.

CAMBIO CLIMÁTICO.

Por todo ello, el pingúino se convierte en monitor “para saber el estado del medio ambiente y para comprobar si ahora, como efecto del cambio climático y la fundición del hielo, existe un riesgo de que se liberen de golpe los contaminantes almacenados durante los últimos 60 y 70 años como resultado de la revolución industrial, que es cuando más contaminación hubo por metales pesados”, explicó Motas.

Para comprobar el efecto del calentamiento global y constatar esta acumulación de contaminantes en los últimos decenios, el equipo investigador realizará una comparativa entre los resultados de las muestras actuales analizadas y los de restos congelados durante los últimos siglos.

El estudio recibió una de las ocho becas predoctorales convocadas por el Programa General de Ayudas a la Investigación en Medio Ambiente de la Obra Social de Caja Mediterráneo (CAM) en régimen de concurrencia competitiva para la realización de tesis doctorales, y su beneficiaria fue la investigadora Silvia Jerez Rodríguez.

Esta investigación analizará los niveles de contaminación, como metales y plaguicidas (organoclorados de relevancia), que aparecen reflejados en sus parásitos intestinales y muestras de otra naturaleza.

Estas muestras serán principalmente de seis tipologías, en primer lugar plumas de ejemplares vivos, así como ejemplares enteros localizados en ejemplares muertos, parásitos intestinales (nematodos, cestodos y acantocéfalos), y los microcrustráceos con los que se alimentan (krill).

Asimismo, los investigadores analizarán los excrementos, los huesos, y las plumas, para localizar los metales pesados y residuos acumulados del entorno y a través de la propia sangre del animal. La última muestra que se analizará será el agua del entorno en que viven estos animales, para determinar las sustancias contaminantes depositadas procedente de corrientes marinas y a nivel atmosférico del ciclo lógico del agua.

La investigación formará parte del estudio titulado “Tres especies de pingúinos y sus parásitos intestinales como biomonitores de la contaminación ambiental antártica. Efectos del deshielo”, que pertenecerá al estudio Pinguclim II, que financiará el Ministerio de Educación y Ciencia y cuyo investigador responsable fue el científico titular del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Andrés Barbosa Alcón.

El primer estudio Pinguclim, que finalizó en diciembre de 2007, estudió la interacción parásito hospedador y la respuesta inmune en tres especies de pingúinos antárticos. El segundo análisis, titulado “Interacción parásito-hospedador y respuesta inmune en tres especies de pingúinos antárticos: efectos del cambio global”, será continuación del primero, y estará vigente hasta 2010.

En este contexto, la UMU propuso esta investigación, que analizará las especies de pingúino barbijo (Pygoscelis antarctica), pingúino papúa (Pygoscelis papua) y pingúino adelia (Pygoscelis adeliae), y las muestras con las que trabajará el equipo de la UMU fueron enviadas por los investigadores del proyecto Pinguclim I, y llegarán más del desarrollo de la segunda etapa del estudio.

Estas muestras procederán fundamentalmente de cinco localidades, como Caleta Potter, en la Isla del Rey Jorge, así como de Punta Hannah, en la Isla Linvingston. Además, los investigadores estudiarán los procedentes de George Point (Ronge Island), de la Isla Decepción, y de Yalour Island.

OBJETIVOS.

Los objetivos de partida a conseguir con este proyecto serán, en primer lugar, verificar y evaluar la exposición de tres especies de pingúinos a metales y plaguicidas organoclorados de relevancia, así como describir el patrón acumulativo y cinético de dichos contaminantes mediante su análisis en diferentes tejidos disponibles.

Igualmente, se analizarán también los niveles de contaminación en muestras correspondientes a parásitos intestinales y excrementos de pingúinos, agua y krill.

En segundo lugar, se estudiarán posibles correlaciones de los datos obtenidos con distintas variables, como la procedencia geográfica, peso, tamaño, sexo, edad, y patologías, entre otras cuestiones, y posibles interacciones de cada tóxico con el resto.

De este modo, se perseguirá la validación del uso de pingúinos y sus parásitos intestinales como biomonitores de la contaminación ambiental antártica.

Además, mediante la comparación de los resultados obtenidos con los niveles encontrados en restos de animales depositados a lo largo de los siglos en el hielo, podrá establecerse correlación entre el efecto del calentamiento terrestre y el consiguiente deshielo, con la liberación de contaminantes ambientales, y el incremento de la exposición de las especies antárticas a los mismos.

Este tipo de experiencias se llevó a cabo en otra ocasión, cuando se comprobó la presencia de insecticida DDT en focas del Ártico, en los que encontraron niveles de organoclorados en su grasa. En esta zona nunca se habían utilizado estos productos, y sin embargo se encontraban allí, lo que quiere decir que “el universo está interconectado”, dijo Motas.



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