Published On: Mar, May 6th, 2008

Oso pardo cantábrico

Europa Press

La Fundación Oso Pardo (FOP) manifestó hoy que no existe una habituación del oso cantábrico hacia el hombre, tras las noticias difundidas recientemente referidas a un supuesto cambio de comportamiento de esta especie que habría conducido a los ejemplares a perder el miedo al hombre y que traería consigo un mayor acercamiento a los pueblos, una artificialización de su dieta, un incremento de los ataques al ganado y un mayor riesgo de encuentros agresivos hacia el hombre.

“La Fundación Oso Pardo considera que estas afirmaciones no se ajustan a la realidad y que pueden contribuir a alterar el excelente grado de convivencia entre el oso pardo y los habitantes de la Cordillera Cantábrica logrado tras décadas de esfuerzos conservacionistas”, puntualizó.

Según explicó la Fundación en un comunicado recogido por Europa Press, no es cierto que los osos se habitúen más al hombre, tal y como lo demuestra el hecho de que siempre haya existido una estrecha convivencia entre osos y humanos en la Cordillera Cantábrica, forzada por el limitado espacio que ambos comparten.

Asimismo, señaló que tradicionalmente, los osos han acudido de manera habitual a las zonas bajas de los valles y al entorno de pueblos para alimentarse, han atacado colmenares y maizales y han comido los frutos de los cerezos situados en los bordes de huertas y caminos. “Los tradicionales cortines son una buena muestra de esta ancestral convivencia”, precisó.

“Tampoco puede aceptarse, como se ha difundido, que se estén incrementando los ataques al ganado por parte de los osos”, apuntó y añadió que el número de reses abatidas por año está “relativamente estabilizado”, ya que, en Asturias, por ejemplo, se ha pasado de 44 animales en 1999 a 32 en 2004, “muy por debajo” de las cifras recogidas en algunas de las citadas informaciones.

A la vista de estos datos, no parece que lo que fue antaño un conflicto pueda suponer un problema de conservación en la actualidad, no sólo por la escasa cuantía relativa de estos daños sino porque además su indemnización está adecuadamente asumida por las Administraciones responsables. Además de tratarse de un número relativamente bajo de reses, hay que considerar que algunas de ellas no son abatidas directamente por el oso sino consumidas como carroña.

“Por otro lado, los casos que se citan de los concejos asturianos de Quirós y Proaza de osos acercándose a poblamientos humanos para alimentarse, son situaciones excepcionales que no indican, en absoluto, un cambio de conducta que condicione en los osos una sustitución de los alimentos de origen natural por basuras o restos alimenticios de origen humano. El oso es un animal omnívoro, con una dieta muy amplia, que puede suplir la variable disponibilidad por causas naturales de un alimento concreto _por ejemplo arándanos_ por otros recursos existentes”, declaró.

En su opinión, tampoco son extrapolables a la situación de la Cordillera Cantábrica los ejemplos citados en algunas de las informaciones publicadas sobre poblaciones de osos de EEUU o de países del este de Europa que pueden mostrar una cierta dependencia de basuras o restos de origen humano, ya que estas poblaciones oseras son mucho más numerosas, densas, y condicionadas por unas circunstancias ecológicas y sociales “muy diferentes” a las presentes en las montañas del norte de España.

“Afortunadamente, sí es verdad que en los últimos años está aumentando el número de osos, lo que hace más probable un encuentro con el hombre. Dado que el oso es un animal salvaje y potencialmente peligroso, pueden ocurrir encuentros que sólo excepcionalmente pueden acabar con personas atacadas y con lesiones. Pero el riesgo de estos accidentes, absolutamente anecdóticos y que pueden prevenirse con básicas medidas de precaución, puede esgrimirse para crear una situación de alarma nada realista. Ni siquiera los paisanos de más edad recuerdan que nunca se haya producido un ataque de un oso a un ser humano con resultado de muerte”, matizó.

Por otra parte, la Fundación consideró “injusto y tendencioso” insinuar que algunos vecinos puedan tomarse la justicia “por su mano” en base a que un oso dejara de verse después de aparecer varias veces en las inmediaciones de un pueblo.

“En la actualidad, el riesgo de extinción del oso pardo es afortunadamente menor que hace unas décadas. Deberíamos felicitarnos por ello y seguir contribuyendo a que la exitosa coexistencia conseguida entre osos y humanos en estos años se mantenga en el futuro, y que informaciones como las aparecidas en los últimos días no lleguen a generar un cambio de esta actitud, que tan positiva ha sido para la especie”, concluyó.



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