Published On: Jue, Nov 17th, 2011

Una proteína clave para frenar el avance de un cáncer de hígado con alta mortalidad

SINC

El trabajo elaborado con los resultados de esta investigación, que se publicará en las próximas semanas en la revista científica Journal of Pineal Research, detalla que la responsable de este fenómeno es la proteína MT1, la cual se encuentra en la membrana de las células y actúa como receptora de la melatonina. La clave del estudio es que, si se le aplica una sustancia antagonista (luzindol) que la inactive, se reduce el efecto de la melatonina, lo que conlleva que las células tumorales sigan proliferando, destaca a DiCYT José Luis Mauriz, responsable del proyecto.

“Cuando inactivamos MT1, la melatonina sigue teniendo efecto, pero un efecto muy ligero, prácticamente no detiene el ciclo celular. De ahí que en este trabajo consideremos su papel como decisivo” para la paralización de esta enfermedad, ha destacado el investigador de este grupo multidisciplinar del que forman parte expertos en Biología, Medicina y Biotecnología.

Realizado in vitro y experimentando con células tumorales de forma directa, el estudio revela que, con MT1 en condiciones normales, la melatonina es capaz de detener la proliferación de las células malignas a través de unas proteínas denominadas ERK (pertenecientes a la familia de las quinasas), que incrementan la muerte celular programada o apoptosis, y que también detienen el ciclo celular, o lo que es lo mismo, el proceso mediante el que las células se dividen. Este último mecanismo está muy acelerado en los pacientes con cáncer debido a la “sobreexpresión” de los genes responsables de regular el ciclo celular.

“Este ciclo está regulado por una serie de proteínas que se llaman ciclinas. En una célula cancerígena hay un incremento de la expresión de esas proteínas. ¿Qué ocurre con la melatonina? Hemos visto que es capaz de reducir la expresión de esas proteínas, y en este estudio hemos comprobado el papel fundamental de MT1 para garantizar su éxito”, ha subrayado Mauriz, firmante del trabajo junto con Sara Carbajo, Javier Martín-Renedo, Maiara Piva, Andrés García-Palomo y Javier González-Gallego miembros del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León.

Un tumor con alta mortalidad

Después del cáncer de páncreas, el hepatocarcinoma es el tumor con más mortalidad a los cinco años de padecerse. La dificultad que implica su detección dados los poco alarmantes síntomas que suele provocar y su carácter agresivo en el hígado hacen que sólo sobrevivan a él entre el 20 y el 25 por ciento de los pacientes tras este periodo.

Dependiendo de la situación fisiológica del paciente y de si padece otras enfermedades, los síntomas que causa pueden ser distintos, aunque generalmente son cansancio, pérdida de peso o dolor abdominal. “Estos síntomas pueden ser no muy intensos, o incluso no aparecer estando el paciente asintomático, lo que hace que en ocasiones no se acuda al médico. Y, sin embargo, la enfermedad sigue avanzando”.

Es necesario probar el éxito en humanos de estas nuevas terapias (previamente tras comprobar su buen funcionamiento en animales de laboratorio), puesto que los tratamientos actuales son limitados. Cuando el tumor no está muy avanzado se puede tratar localmente, mediante una sonda por ejemplo con etanol, o extirparlo quirúrgicamente en algunos casos.

El problema es que esta terapia no es efectiva en los diversos casos en los que la enfermedad se descubre en un estado avanzado. En este supuesto, actualmente la única solución que existe es el trasplante, una medida que “a veces funciona y a veces no”. El primer factor que juega en contra es la escasez de hígados. En el caso de los enfermos a los que sí que se les realiza el trasplante, se pueden presentar complicaciones como el rechazo al nuevo órgano o, en algunos casos, la regeneración del cáncer hepático, ha aseverado el investigador.

Sustancia efectiva

Para mejorar la efectividad de los tratamientos se está investigando con diferentes sustancias, entre ellas, la melatonina, con resultados “prometedores” y sobre todo efectiva contra las células malignas, pero que no produce ningún daño en los hepatocitos sanos. Asimismo, los antecedentes de uso de esta hormona en humanos a partir de diferentes compuestos hacen prever al investigador que no tendría efectos perjudiciales en el caso de que se utilizara para frenar el avance de este cáncer. “Las dosis que estamos utilizando en células son elevadas, pero lo que sería el equivalente a la dosis en humanos creemos que no tendría especiales problemas si se tuviese que inyectar”, ha sostenido el científico.

Iniciada en 2011, la investigación ha sido financiada por la Consejería de la Educación de la Junta de Castilla y León y tiene un horizonte de dos años, por lo que Mauriz ha valorado la obtención de resultados positivos en la primera fase del proyecto. En este trabajo con la melatonina también participa el Servicio de Oncología del Complejo Asistencial de León, a través de la figura de Andrés García Palomo, el jefe del servicio.



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