Hoy día, el ritmo de vida es frenético para gran cantidad de personas. El trabajo lleva a menudo a tener que salir de casa por la mañana y no volver hasta prácticamente la noche. Después de tantas horas trabajando, al llegar a casa lo que menos se tiene es ganas de utilizar productos de limpieza.

Sin embargo, la limpieza del hogar no es algo que se deba tomar a la ligera, sino que resulta absolutamente fundamental. Una casa limpia contribuye a estar más cómodo en ella, contribuyendo al bienestar de la persona. Si esta además tiene ciertas alergias, la limpieza puede adquirir una importancia mayor.

El problema es que esta es una tarea de las que más tiempo lleva en el día a día. Por ello, siempre que se tome la decisión de limpiar la casa a fondo, será muy útil establecer y seguir una serie de rutinas que favorecen la labor. Y es que como todo en la vida, en la limpieza la organización resulta también de vital importancia. Pues bien, siempre que se sigan estos consejos, este trabajo resultará más sencillo, y sus resultados serán sin duda más efectivos.

Empieza por hacer una lista de tareas

Cuando toca planificar una limpieza exhaustiva del hogar, será de gran ayuda empezar haciendo una lista previa de tareas, ya que la organización ayuda a ganar tiempo y a ser más efectivo. En primer lugar habrá que revisar los productos de limpieza que se necesiten para, después, preparar una lista con aquellas tareas que se quieran hacer en el hogar. Haciéndolo de esta manera, se podrá calcular mucho mejor el tiempo que se debe emplear en cada una de ellas.

Ve limpiando las habitaciones una a una

Muchas personas piensan en limpiar primero los muebles de toda la casa, luego el suelo, luego las ventanas, y el resultado a menudo suele ser que queda todo a medias y ninguna estancia está lista por completo.

De forma que a la hora de planificar la limpieza del hogar, no hay que pretender hacerlo todo al mismo tiempo. En lugar de esto, será mucho mejor organizar la limpieza de manera que se haga habitación por habitación.

Limpia siempre de arriba abajo

Una vez ya manos a la obra, es aconsejable empezar limpiando aquellas superficies más altas. Se debe comenzar por los techos, bajar por las paredes, seguir con los muebles y terminar en los suelos.

Además, antes de empezar la limpieza de cada habitación, se deben retirar los objetos que pudieran entorpecer el trabajo, tales como prendas de ropa u objetos que no estén en su sitio. Igualmente se debe descolgar los cuadros y lámparas que puedan impedir una limpieza profunda.

¡Fuera todo aquello que ya no utilizas ni vas a utilizar más!

Es fundamental deshacerse de todo lo que ya no se utiliza, ni se va a volver a utilizar. Mientras que se revisan muebles y armarios, se puede aprovechar para apartar aquello que ya no se usa y, antes de tirarlo, intentar dárselo a alguien que sí le pueda sacar provecho. Todo lo cual a su vez sirve para facilitar la limpieza.

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