La velocidad al caminar de las personas a los 45 años, particularmente a la velocidad más rápida a la que pueden caminar sin correr, podría indicar el envejecimiento de sus cerebros y cuerpos, de acuerdo con un nuevo estudio llevado a cabo en Nueva Zelanda.

Los hallazgos muestran que los caminantes más lentos han «acelerado el envejecimiento» en un panel de 19 parámetros y sus pulmones, dientes y sistemas inmunológicos tienden a estar en peor forma que las personas que caminaban más rápido.

«Lo que realmente llama la atención es que se trata de personas de 45 años, no de los pacientes geriátricos que suelen ser evaluados», dice la investigadora principal Line J.H. Rasmussen, investigadora postdoctoral del departamento de psicología y neurociencia de la Universidad de Duke.

Igualmente sorprendente, las pruebas neurocognitivas que estos individuos hicieron cuando eran niños, podían predecir quiénes se convertirían en los caminantes más lentos. A la temprana edad de 3 años, sus resultados en pruebas de coeficiente intelectual, comprensión del lenguaje, tolerancia a la frustración, habilidades motoras y control emocional predijeron la velocidad al caminar a la edad de 45 años.

«Los médicos saben que los individuos que caminan más lento a los setenta u ochenta años tienden a morir antes que los caminantes más rápidos a su misma edad», dice la autora principal Terrie E. Moffitt, profesora de psicología en Duke y profesora de desarrollo social en el King’s College London. «Pero este estudio cubrió el período desde los años preescolares hasta la mediana edad, y encontró que un andar lento es un aviso con décadas de antelación de problemas en la vejez».

Los datos provienen de un estudio a largo plazo de casi 1.000 personas nacidas durante un solo año en Dunedin, Nueva Zelanda. Los investigadores evaluaron y midieron a 904 participantes durante toda su vida, desde su infancia y hasta el período abril de 2017 y abril de 2019, cuando llegaron a la edad de 45 años.

Los exámenes de RMN (Resonancia Magnética Nuclear) durante la última evaluación mostraron que los que andan más lento tienden a tener un menor volumen cerebral total, menor grosor cortical medio, menor área de superficie cerebral y mayor incidencia de «hiperintensiones» de materia blanca, pequeñas lesiones asociadas con enfermedades en vasos pequeños del cerebro. En resumen, sus cerebros parecen algo más viejos.

Para empeorar las cosas, los caminantes más lentos también parecían mayores a un panel de ocho personas que evaluaban la «edad facial» de cada participante a partir de una fotografía.

Los investigadores han utilizado durante mucho tiempo la velocidad de la marcha como una medida de la salud y el envejecimiento en pacientes geriátricos, pero lo que es nuevo en este estudio es la juventud relativa de los sujetos del estudio y la posibilidad de ver cómo la velocidad al andar coincide con las medidas de salud que el estudio recopiló durante sus vidas.

«Es una pena que no tengamos la velocidad de la marcha y las imágenes cerebrales de ellos cuando eran niños», dice Rasmussen. (La RMN se inventó cuando los participantes tenían cinco años de edad, pero no utilizó con niños hasta muchos años después).

Algunas de las diferencias en la salud y la cognición pueden relacionarse con las elecciones de estilo de vida que estos individuos han hecho. Pero el estudio también sugiere que ya hay señales en los primeros años de vida de quiénes se convertirían en los caminantes más lentos, dice Rasmussen. «Podríamos tener una oportunidad aquí para ver quién va a tener mejor salud más tarde».

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