Conforme avanzan las semanas de confinamiento, vamos viendo una nueva normalidad que hace dos meses nos hubiese parecido un disparate pero que ya hemos asumido casi con total normalidad. Incluso se puede ir un paso mas allá para ver que hemos aceptado que muchas cosas no van a volver a ser iguales hasta que no se acierte con una vacuna o una cura para este virus chino que tanto daño está haciendo al resto del mundo.

De lo que vamos a hablar ahora son de esos aparatos que siempre han estado ahí pero que ahora han vuelto a la primera fila y que durante un tiempo nos van a acompañar como no nos habíamos imaginado.

La higiene

En la prevención de la epidemia COVID-19 han jugado un papel relevante dos elementos básicos: las mascarillas y los dispensadores de jabón de alcohol. Estos dispensadores parecían algo propio de hospitales y quirófanos pero ahora están por todos lados al entrar a cualquier sitio y también en las casas: en vez de recibirnos con unas golosinas, lo que nos encontramos en un dispensador de pared de jabón de alcohol.

Otro aparato que andaba por los trasteros y buhardillas eran los depiladores con cera caliente para depilarse en casa. El cierre de los servicios de peluquería y estética durante los días de confinamiento ha hecho que muchas personas, especialmente mujeres, hayan tenido que volver (o en algunos casos aprender) a hacerse ellas mismas algunos de estas «labores de mantenimiento». En cuanto puedan volver a abrir, las agendas se les van a quedar pequeñas a las peluquerías y centros de estética para dar servicio a tantas mujeres al borde de un ataque de nervios.

Los aparatos purificadores merecerían un capítulo aparte ya que la obsesión por evitar la propagación del virus ha puesto en valor cualquier cosa que purifique. Los purificadores de agua, por ejemplo, tienen muchas virtudes pero prácticamente ninguna en relación con el coronavirus causante de la pandemia; sin embargo, su venta ha aumentado porque ahora todo el mundo ha caído en la cuenta de que no todo lo que entra en su casa es tan sano y limpio como pesaba.

En este apartado es necesario hacer una advertencia contra los purificadores de aire a base de ozono porque el ozono por sí es tóxico (genéricamente hablando) y no es una buena idea aumentar la proporción de ozono en el aire en habitaciones con personas. Según los organismos sanitarios, a pesar de sus propiedades desinfectantes el ozono es un importante oxidante que puede irritar las vías respiratorias causando tos, ardentía, resuello, falta de aire; puede agravar el asma y otras dolencias pulmonares. Sin embargo, existen otras técnicas para aplicar ozono que no resultan nocivas para la salud. El ozono en agua, por ejemplo, es un tratamiento que mantiene el agua libre de microorganismos, virus o bacterias. Mejor dejarlo para limpiezas profesionales en ambientes controlados y no hacer caso a la publicidad que los anuncia como aparatos «útiles para prevenir el coronavirus».

Y lo mismo cabe decir sobre los aparatos de UV, que aunque son muy útiles para destruir microorganismos, deben ser utilizados sólo en ambientes controlados y durante espacios cortos de tiempo, ya que a la larga la radiación ultravioleta es muy nociva para la piel humana.

El ocio

De todas las consolas existentes en el mercado ha sido la Wii la que más ha cambiado su uso durante el confinamiento: del cajón de los recuerdos ha vuelto a la vida por su innegable utilidad como herramienta de entretenimiento familiar donde todos los miembros de la familia pueden participar pero también por su utilidad como entrenador deportivo, especialmente si en su momento se compró el accesorio llamado WiiFit que sirve para seguir un plan de entrenamiento con esta consola.

También es posible que hayan sido rescatadas del olvido muchas bicicletas estáticas y cintas de correr que se han revelado muy útiles durante el confinamiento. Casi se podría decir que sus poseedores han sido muy afortunados por tener la posibilidad de desfogarse durante estos días en los que el nivel de actividad física ha bajado tanto.

Del mismo modo, las tablets, como herramienta de consumo de contenidos digitales están viviendo una segunda vida porque ahora son necesarias más de una pantalla en casa y la del móvil es demasiado pequeña para algunos usos como, por ejemplo, ver una película.

Por último ¿cuántas guitarras han regresado a casa desde el trastero durante esta cuarentena? ¿cuántos cursos de piano se han retomado? ¿cuántos vecinos han resultado ser aficionados a un instrumento sin que hasta ahora lo hubiésemos notado?

Contra lo que pudiese parecer, muchos de estos cambios han llegado para quedarse y no está claro si todo ellos van a ser buenos. 😉

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