Cómo rascar unos céntimos en el supermercado cuando la comida cuesta un dineral

En caso de que hayas aterrizado desde otro planeta y todavía no te hayas atragantado con tu propia saliva después de ver el precio del aceite, que sepas los alimentos están muy caros ahora mismo. La inflación en España acaba de alcanzar un máximo que no se recordaba en décadas y todo parece indicar que las cosas se van a poner todavía más difíciles; puede que el 9,8% de subida interanual de los precios del mes de marzo no sea la cifra más alta que veamos este año.

Los gobiernos y sus bancos centrales llevan ya bastantes años con la máquina de imprimir dinero a toda potencia y eso ha acabado dando lugar a que el dinero pierda valor; eso es la inflación, ni más ni menos (aunque por supuesto usted podrá oír a sus gobernantes echarle la culpa a la pandemia o a la guerra de Ucrania o a cualquier otra cosa que tengan a mano: nunca admitirán que es culpa suya).

¿Y qué puede hacer el consumidor medio para defenderse? Comprar productos de marca blanca, releerse los folletos de los supermercados repasando las ofertas o acercarse con el coche a los cash para comprar macarrones al por mayor; eso ya lo sabe todo el mundo. A contnuación te damos algunas ideas para rascar unos céntimos más; no te van a sacar de pobre pero a final de mes te pueden suponer unos cuantos euros que es la diferencia entre volverse a casa andando después de bregar un día entero o tomar un autobús y volver sentado.

Ralla tu propio queso

Es posible que muchos lo hagan; esto es para los comodones a los que les encanta coger una bolsa de queso cheddar rallado y enterrar sus macarrones. Resulta que no sólo es más barato el queso en taco que ya rallado en bolsa sino que el mismo peso de producto tiene mucha más cantidad de queso si se compra en taco y se lo ralla uno que si se compra en bolsa y esto es debido a la humedad que acumula la superficie del queso (infinitamente mayor en las hebras) de forma natural y por los antiaglomerantes químicos que le tienen que echar en las fábricas para que el queso rayado no se haga una masa por su propio peso.

Además, si te lo tomas con deportividad, tómate los tres minutos de rallar queso como una parte de una sesión de body building y así matas dos pájaros de un tiro. 😄

Las bolsas de queso rallado también contienen aditivos para evitar que se aglutinen en el envase, aditivos que afectan a la forma en que se funde el queso y a su sabor. (No se funde tan suavemente como el queso sin conservantes.) ¿Bonus? Rallar queso es una mini-versión del día de brazos en el gimnasio.

Corta tu propia fruta y verdura

Otra vez lo mismo: ensaladas precortadas y frutas peladas y troceadas. Cuando estés en el supermercado mira el precio de una tarrina de fruta troceada (busca el precio por kg, claro)  y después el de la fruta entera: ya no necesitarás más argumentos.

Por si los necesitaras, esta vez no vamos a recurir a la broma del body building sino que te recordamos que frutas y verduras pierden parte de sus propiedades por oxidación, las vitaminas sobre todo, cuando se exponen a la luz. No solo son más sabrosas si las troceas en casa ¡son mucho más nutritivas!

Compra en temporada

Ya sé que con la vida urbana se pierde la relación con el campo y ya no sabe uno cuándo es la temporada de cada alimento pero el lineal del supermercado te ayudará a hacerte una idea. Si ves que las naranjas están carísimas, es porque incluyen costes de transporte y almacenamiento que no tienen en temporada; igual son naranjas surafricanas que se cortaron medio verdes hace un mes y desde entonces han estado en cámaras frigoríficas, barcos y camiones hasta llegar frente a tus ojos.

Frutas y verduras de primavera

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