Supervivientes de los Andes

Europa Press

Fernando Parrado, una de los 16 personas que sobrevivió durante 72 días en las montañas de los Andes después que su avión se estrellara con 44 pasajeros más, explicó hoy que ahora valoro su vida "infinitamente más". "Morí y resucité. Vivo de regalo cada día", agregó.

En una conferencia celebrada en Madrid durante el 'Primer Congreso de Jóvenes con Valores' y ante un auditorio de dos mil personas, Parrado relató que el día 13 de octubre de 1972 salió desde Mendoza su equipo de rugby, perteneciente a un colegio de Montevideo, que iba a jugar un partido en Santiago de Chile.

Pero el avión de la Fuerza Aérea Uruguaya cayó sobre las montañas de los Andes, entre Argentina y Chile. En el choque mueren trece personas. Durante la noche mueren tres más, y al día siguiente, otros dos. El avión quedó echo pedazos y el fuselaje, de 4,5 metros de largo, se convirtió en el único refugio de los supervivientes.

Parrado, que en el momento del accidente tenía 21 años, destacó que se encontraban a 4.000 metros de altura, con temperaturas de menos 25 grados bajo cero y que a la semana del accidente se quedaron sin comida. "Comimos el cuerpo de nuestros amigos para seguir viviendo", explicó, para a continuación indicar que, en esa situación, cualquier persona hubiera hecho lo mismo.

"El décimo día escuchamos el informativo de la radio que se había suspendido la búsqueda de nuestro avión. Con la depresión que teníamos, sin comida, con un frío impresionante y sin que nadie nos viniera a buscar, estábamos condenamos a morir", añadió.

Asimismo, apuntó que cuando salían del fuselaje y caminaban diez metros se hundían en la nieve "hasta la cintura". "Pero la situación podía empeorar. Cuando llevábamos dos semanas y media nos sobreviene una avalancha que cubre el avión con hasta tres metros de nieve", situación que provocó que ocho personas murieran, de las 27 que hasta entonces sobrevivían.

Ante esta "desesperante" circunstancia, relató Parrado, tres jóvenes, entre ellos él mismo, decidieron comenzar a andar. En la primera noche uno de los tres miembros tiene que regresar al avión porque retrasaba el ritmo de los otros dos. Se quedan solos Roberto Canessa y Nando Parrado, quienes pensaban que cuando alcanzaran la primera cima, verían "a lo lejos casas, verde, y civilización".

"Pero no nos encontramos con nada de eso. Sólo vimos montañas cubiertas de nieve a nuestro alrededor. Estábamos completamente rodeados de montañas. No había nada más", agregó. Canessa y Parrado continuaron caminado, un total de diez días y medio, hasta encontrar a un hombre subido en un caballo, que fue puso en marcha el rescate de las otras 14 personas que aguardaban en el fuselaje.

"Ahora valoro mi vida infinitamente más. Morí y resucité. Vivo de regalo cada día", concluyó Parrado, justo antes de que el auditorio se pusiera en pie para dedicarle una prolongada ovación.


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