Las vacaciones de tu vida

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Hace poco tuve un sueño, en el que era un niño de nuevo, y ayudaba a mis padres a meter los bultos en el coche para empezar nuestras vacaciones de verano. Cuando desperté, estaba deseando echar el equipaje en mi coche e irme. Este sentimiento me es familiar. Me ocurre todos los veranos y lo tengo metido en la cabeza debido a los gratos recuerdos de mis vacaciones de infancia.

Te invito a hacer un viaje recordando las vacaciones de tu infancia y sucesivamente de los viajes que hayas realizado en momentos más avanzados de tu vida. Posiblemente no recuerdes lo que hiciste la pasada semana, pero te aseguro que las vacaciones incluso de hace muchos años se muestran extraordinariamente claras. Esos viajes nos recuerdan cómo veíamos la vida en diversos estados de nuestra vida. Tómate tu tiempo para recordar la excitación sentida como un niño, adolescente, o incluso padre, cuando dejabas atrás la rutina diaria para conocer nuevos sitios con tu familia.

Vacaciones de tu niñez: Lo más maravilloso de las vacaciones de nuestra infancia era pasar el tiempo con nuestros padres y hermanos. No hay momento de mayor cohesión familiar que cuando se hace un viaje familiar de estas características.

Cuando yo era niño nuestras vacaciones las pasábamos en el pueblo. Nos íbamos al río a nadar, las fiestas de pueblo con las vaquillas, ir a pescar... Uno tenía todo el día ocupado en juegos y salidas al campo. Estos lugares al ser redescubiertos nos traen a la memoria todo lo que hacíamos.

En la adolescencia: La vida está llena de estímulos y estamos deseando encontrar una oportunidad para viajar con nuestros amigos, en lugar de con nuestros padres. Los problemas de siempre como serían quedarse sin dinero, o que se rompa el coche es lo que más lejano se nos presenta, lo más cercano, los buenos momentos. Ahora que somos adultos nos damos cuenta de qué poco comprensivos somos respecto de nuestros propios hijos.

Al ser padres: Los problemas de la preparación recaen en nosotros los padres, que tenemos que cuidar de que todo esté perfecto y que nuestros pequeños no sufran las inclemencias del viaje. No sólo la responsabilidad del viaje en sí, sino que nuestra familia disfrute y se lo pase bien. Los recuerdos de esas maravillosas vacaciones que preparaste te dejarán una sonrisa en la cara por mucho tiempo. Y tus hijos igualmente recordarán sus estupendas vacaciones familiares y pasarán el legado a sus propios hijos.

Cuando los niños han crecido: Con los niños bien creciditos, he vuelto a los años en que yo podía tomarme las vacaciones sin pensar en criajos. Puedo disfrutar de todo aquello que me perdí como adolescente: que no tenía dinero suficiente, o no podía o no quería permitirme ver ciertas cosas. Hago los viajes con mi pareja y amigos, sin niños molestando. Son viajes para hacer cosas más relajadas, para ver mundo y conocer costumbres y creencias.

Y hacer un viaje solitario es igualmente inquietante, pues podemos ir donde queramos, sin tenerlo apenas planeado, para pensar, conocer lugares alejados, vivirlos. Y nos da la oportunidad igualmente de recordar los sitios que ya vimos en otras ocasiones

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