Aunque la respuesta normal se mueve entre la risa y la vergüenza ajena, una vez vistas juntas todas estas escenas, uno no puede dejar de asombrarse de cómo las personas llegamos en un momento dado a ser chapuceras. Es verdad que en lo que hacemos todos, TODOS, dejamos a veces trabajos sin acabar o detalles que pensamos que nadie va a ver o simplemente abandonamos a medias pero el cine es un trabajo en equipo que requiere que un número muy grande de personas se pongan de acuerdo para que algo llegue a la pantalla. Por lo pronto, en cualquier escena influyen muy directamente el director, el guionista y el actor y luego hay docenas de persona más que están alrededor de la producción para dar su opinión.

¿De verdad que nadie se dio cuenta de estos desastres?

Morirse gritando

El homicidio también suele describirse como “dejar seco” a alguien. En esta escena, la sequedad llega muy lentamente, casi por evaporación; extraña que este hombre tenga fuerzas para chillar de esa manera y no para devolverle un par de tiros a su liquidadora.

 

Morir de impresión

En este caso no se sabe exactamente de qué muere la criatura así que lo vamos a dejar en que muere de impresión porque o se ve sangre ni le arrancan nada ni le clavan nada. Vale, que lo porrazos duelen pero tampoco son para morirse de esa manera

Pot pourri

La palabra popurrí que en España usamos para identificar una mezcla hecha con elementos muy distintos entre sí, viene del francés pot pourri, que los gabachos tomaron como traducción de la española “olla podrida” (curioso viaje de ida y vuelta de la palabra). El vídeo que termina esta trilogía es exactamente eso, un popurrí. 🙂

 

 

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