En estos días de enero no es extraño que se forme hielo en las aceras o, lo que es peor, en el sitio más insospechado para provocar un resbalón.

Para los niños y los jóvenes no es más que una anécdota que recordarán durante mucho tiempo pero para los adultos (y no digamos para los ancianos) un porretazo en frio puede suponer un serio problema y tener consecuencias durante bastante tiempo.

Ahora bien, como la naturaleza humana es la que es, nosotros vamos a pasar un buen ratillo divirtiéndonos a costa de los trompazos que se dan los demás.

 

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