Este gato debía de tener mucha hambre o no le habían explicado algunas cosas sobre alimentación porque el solito decide que si el almuerzo está en la mesa, para qué ponerse tiquismiquis.

El gato que está al lado sí que se queda perplejo porque, aunque parece que le gustaría unirse al banquete, no acaba de tener claro si eso se hace de esa manera o qué parte le toca a él o qué demonios tiene que hacer. El caso es que el festín acaba y se ha tenido que conformar con mirar.

Al final no nos queda más remedio que decirle al lindo gatito ¡que siente bien!

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