Después de varias semanas construyendo pieza a pieza una maravillosa réplica de un transporte acorazado todo-terreno, un AT-AT, seguramente lo que más apetece es colocarlo en un lugar espacioso y sentarse justo enfrente, en un cómo sillón, para observarlo durante horas ; de vez en cuando, se puede uno levantar para observar algún detalle (o para ir a la cocina a por un refresco) pero después se vuelve otra vez al sillón para seguir contemplando esa obra maestra del modelismo contemporáneo.

Y mientras está uno absorto en la contemplación de semejante maravilla, viene el maldito perro y acaba con la magia en dos segundos.

La vida es como es, y el pobre perro no tiene la culpa de que su instinto le haga hacer cosas así desde que empezó su vida perruna pero se podía haber esperado a que no hubiese nadie en la habitación para no matar la magia.

Seguro que el dueño de esa maravillosa réplica de un AT-AT ya no la volverá a ver con los mismos ojos.

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