Los últimos meses no están siendo los mejores de la carrera de Elon Musk, al menos en lo que se refiere a su principal faceta como fabricante de automóviles eléctricos (vendiendo lanzallamas de juguete parece que sí le va bien). Toda la euforia que rodeaba a Tesla tras el lanzamiento del Model 3, que auguraba una nueva era en la automoción, parece estar viniéndose abajo ante problemas tan mundanos como los sobrecostes, las averías o las bajas laborales.

Los números reflejan muy crudamente que Tesla es incapaz de producir suficientes coches como para volver a comprar más componentes y maquinaria por lo que tiene que volver a pedir prestado para mantener la producción.

Los últimos resultados financieros publicados reflejan la continuación de esta tendencia: durante el primer trimestre de 2.018, Tesla tuvo unos ingresos totales de  3,408 millones de dólares, bastante mejores que los 3.288 del trimestre anterior o los 2.696 del mismo trimestre del año anterior. Sin embargo, los mayores costes de producción han acarreado que estas mayores ventas se traduzcan en todavía mayores pérdidas, que ahora se acercan a los 785 millones de dólares, lo que es peor que las peores estimaciones de los analistas.

La solución del problema es, aparentemente, sencilla: aumentar la producción del Tesla Model 3 para recibir el dinero de los cientos de miles de compradores que ya adelantaron mil dólares para hacer una reserva y que esperan ansiosos a recibir su nuevo automóvil eléctrico.

Sin embargo, Elon Musk ha reconocido que la compañía cometió graves errores durante el diseño de la producción del automóvil y confió en exceso en la automatización de ciertas tareas que, visto lo visto, parece que hubiese sido más sensato dejar que los humanos siguieran llevándolas adelante.

Estos fallos, junto a otros de menos importancia, ha generado cuellos de botella en la factoría Tesla y en vez de los 5.000 vehículos semanales que se deberían estar produciendo, apenas se llegan a los 2.000.

Elon Musk confía en aumentar la producción hasta los necesarios 5.000 coches semanales durante las próximas semanas, lo que le permitiría disponer de dinero fresco para seguir con el negocio sin tener que volver a recurrir a los inversores, cada vez más impacientes con la compañía.

Pese a la evidencia de que la megafactoría de Testa está resultando un fiasco y que la empresa se ha convertido en una inmensa máquina de quemar cientos de millones de dólares, Elon Musk sigue afirmando con una sonrisa en la boca que todo volverá a la senda establecida antes de que acabe el año y que volverán a ser la empresa puntera que siempre han sido… pero con dinero en la caja.

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