A medida que empresas gigantes como Apple y Disney continúan anunciando los detalles de sus nuevos servicios de streaming, está claro que hay dos preguntas fundamentales: ¿Cuál es exactamente el producto y cuánto cuesta?

En una de sus famosas keynotes en marzo sobre Apple TV+, la compañía de la manzana mordida apenas respondió a la primera pregunta prometiendo ser una gran cadena de televisión con grandes estrellas e ignoró directamente la segunda.
El reciente anuncio del futuro servicio de televisión en streaming de Disney, llamado Disney+, estuvo sembrado de detalles: El presidente Robert Iger promete un catálogo de cientos de horas de televisión y películas, viejas y nuevas, por $6.99 al mes.

La posición de Netflix y Amazon en la lista de proveedores de streaming no va a cambiar en un futuro cercano: Netflix cuenta con 139 millones de suscriptores en todo el mundo y Amazon tiene más de 100 millones, con su competidor más cercano, Hulu, muy por detrás, con 25 millones de suscriptores. Disney ha entrado tarde en el mundo de los medios de comunicación online y por eso, al igual que Apple, está haciendo un lanzamiento basado en el prestigio, anunciando nuevos espectáculos y películas que forman parte de sus grandes marcas como Marvel, Star Wars y Pixar. Pero a diferencia de Apple, Disney también cuenta con un archivo inmenso y de sobra conocido (y apreciado) que se puede desempolvar junto con ese nuevo material, lo que garantizará una base de suscriptores más amplia.

Para los superfans de esos títulos, la perspectiva de películas exclusivas será probablemente suficiente para justificar los 7 dólares de suscripción. Sin embargo, la mayor ventaja de Disney+ sobre sus rivales emergentes son los archivos. La compañía pondrá fin a su legendario enfoque de «bóveda Disney» a su biblioteca animada, una estrategia por la cual el estudio sólo permitía que un grupo rotativo de títulos estuviera disponible para su compra en cualquier momento. Disney+ servirá ahora como escaparate para todas las películas del estudio (alrededor de 500 títulos), y su catálogo sólo crecerá a medida que expiren los acuerdos individuales con compañías de streaming como Netflix. Para las familias con niños más pequeños, ese tesoro de entretenimiento animado (combinado con unos 7.500 episodios de programas de televisión de Disney) podría justificar fácilmente el costo mensual. Eso es todo antes de considerar la más reciente adquisición de Disney, 20th Century Fox, que tiene su propio archivo cinematográfico y grandes títulos como Avatar y The Simpsons (todo el archivo de episodios de este último estará disponible en Disney+).

Hasta ahora, empresas como Netflix se han beneficiado de la concesión de licencias de títulos de Disney para sus propia oferta de streaming; a medida que esos derechos caduquen, esas películas desaparecerán y Netflix se verá obligada a depender en mayor medida de su propio contenido original. Por eso cada una de las grandes compañías de tecnología ha estado invirtiendo dinero en la televisión y el cine originales, para prepararse para el escenario que viene, donde primará la oferta a la carta. Los consumidores tendrán que elegir qué servicios les parecen más valiosos al precio mensual establecido y cuanto mejor sea el catálogo, más clientes aceptarán un nuevo recibo mensual.

Tal y como pinta la oferta de Disney+, hasta Netflix debería empezar a preocuparse.

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