En estos días de retorno a la nueva normalidad no son pocos los negocios que siguen cerrados o que han comenzado a reabrir solo a medio gas para ir viendo cómo evoluciona la respuesta del mercado.

Por un lado, los negocios de consumo social (los que consisten en juntar a mucha gente para que pase algo: un concierto por ejemplo) parece que van a tener difícil su regreso y en muchos casos directamente es imposible porque, o bien la esencia de su existencia es precisamente amontonar a mucha gente en un espacio pequeño, o bien las exigencias de distanciamiento social les obligan a reducir el aforo hasta niveles en los que no tiene sentido mantener abierto el local. Para este tipo de negocios, tener o no tener una página web es totalmente irrelevante y no les va a servir de ninguna ayuda, para qué le vamos a dar más vueltas.

Para el resto de los negocios, una página web sí puede ser una ayuda. Ellos ya lo saben pero para los opinólogos que hablan de negocios sin haber tenido nunca uno, una ayuda significa que, sabiendo que las cosas vienen mal dadas y que ahora toca trabajar mucho más para ganar mucho menos, recurrir a la publicidad creativa, a una página web, al networking o a cualquier otro recurso de marketing, puede marcar la diferencia entre poder seguir funcionando a duras penas (pero funcionando a fin de cuentas) o tener que cerrar definitivamente el negocio.

Antes que nada, hay que avisar de que no estamos abogando por incrementar el gasto (nada de contratar a un estudio para gastarnos miles de euros e una web súper chulísima con mega-fotos y musiquilla original) sino que tendrá que ser el propio dueño del negocio el que se encargue de aprender cómo funciona todo esto, contratar un espacio web y utilizar una herramienta para crear páginas web, que las hay gratuitas y bastante sencillas, para tener presencia en la red. Más trabajo; esto forma parte de aquello de que hay que trabajar el doble para ganar la mitad. Internet ya no es un sitio mágico donde cae el dinero del cielo; ahora hay que trabajárselo, como cualquier otro mercado, para ser reconocido allí. Si sólo se sube el sitio web y no se trabaja, no va a servir de nada.

El ejemplo más común es el de los bares y restaurantes, que hora se han tenido que lanzar como locos al delivery, a llevar la comida a casa pero sólo han podido hacerlo a través de plataformas que cobran comisiones muy altas. Es verdad que estas plataformas permiten llegar a un público que antes no nos conocía pero ¿y los clientes del barrio que sí nos conocían? ¿no sería más fácil tener una página web con solo el nombre del restaurante y un teléfono de contacto en donde hacer los pedidos? De esta manera se ahorran los intermediarios y se fija la clientela.

Pero puede servir para cualquier pequeño negocio de, por ejemplo, costura y remiendo de ropa (sí esos negocios existen y funcionan bastante bien); un simple lista de precios colgada en la web puede servir par que muchos clientes del barrio se decidan a acudir a que le cosan los bolsillos rotos del pantalón si saben que sólo son tres euros por bolsillo. hay que hacer un doble trabajo, repartiendo octavillas por el barrio con la página web y algunos precios indicativos pero, una vez que la página web se consolida con el tiempo, todo el mundo sabrá que buscando en Internet «arreglos ropa barriada Los Diamantes» se llega al taller de Luisa María, que tiene unos precios muy ajustados.

Solo un iluso pensaría a estas alturas que poner una página web en Internet es la solución a todos sus problemas, pero con más trabajo, estudiando, aprendiendo y esforzándose mucho, algunos negocios sobrevivirán, no todos, pero los que sobrevivan serán negocios a prueba de bombas.

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