Published On: Mar, Mar 16th, 2004

Afganistán Algunas clves

La avalancha de noticias que nos están llegando desde Afganistán a partir de los
atentados del 11 de septiembre parecen transmitir la sensación de que todo acontece
en un lejano país donde el integrismo islámico ha conseguido manifestarse de la
forma más violenta y radical y donde los occidentales, liderados por los EE.UU. han
de llegar a poner paz. Si no se tiene mayor interés, este análisis simplista puede servir
para dar por zanjada la cuestión, coger el choche e irse al híper a hacer las compras
de la semana.

Sin embargo, el transfondo del conflicto de Afganistán es mucho más complejo y
admite muchos más matices.

En primer lugar es un punto de inflexión para los teóricos de la globalización. Los
atentados del 11 de septiembre han puesto en evidencia que el proceso de
globalización tiene dos sentidos: no se trata sólo de que hay que competir en un
mundo ya de por sí competitivo donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres
cada vez más pobres. Ahora resulta que la pobreza de un rincón perdido del planeta se
manifiesta ¡y de qué forma! en la capital más rica del mundo.
Es decir, todos somos globalmente ricos o pobres.
Los popes de las grandes intituciones financieras internacionales han empezado a
incluir en sus discursos matices socializantes (¿socialistas?) en el sentido de que no
basta con que el Fondo Monetario Internacional conceda créditos a las naciones
pobres a cambio de severos planes de ajuste. Así llevamos cuarenta años y no se ha
conseguido nada. Se trata de que los países ricos deben comprometerse en el
desarrollo de los más pobres con transferencias gratuitas de capitales (monetarios,
técnicos y humanos) dirigidas a la creación de estructuras básicas de mercado,
comunicaciones y energía, sanidad y educación. Y estas transferencias no se hacen
simplemente dando donativos; por ejemplo, es necesario abrir los mercados
occidentales a los productos agrícolas del tercer mundo pero ¿entenderán los
gobiernos español, francés o estadounidense, por ejemplo, que hay que dejar de
subvencionar a los agricultores y comprar arroz pakistaní?
El integrismo islámico, en el fondo, sólo es una forma radical de oposición a este
proceso de globalización asimétrica que se expresa así: si la globalización nos
concede el papel de pobres y no tenemos recursos (básicamente humanos) para
progresar, vamos a utilizar una fórmula de organización política que ha funcionado
históricamente con recursos escasos (el mundo islámico medieval) y que le den
morcilla al progreso y a occidente.

En segundo lugar, esta crisis internacional saca por enésima vez a la luz los
problemas de una descolonización mal hecha. Por mucho empeño que se ponga,
Afganistán no es una nación. Es un estado artificial que rige sobre un territorio que,
en realidad, está dividido en función de las etnias dominantes. Nada tienen que ver
los tayikos, de aspecto mongol, con los pasthunes (patanes), de aspecto hindú. Es
más, se detestan mutuamente.
Para la solución definitiva del conflicto, tal vez hubiese valido la pena segregar el
país en tres o cuatro nuevos países.
Pese a todo, la política de la grandes potencias en la zona, antes Inglaterra ahora
EE.UU., sigue siendo la de ir solucionando los problemas sobre la marcha y según sus
intereses puntuales. Si había pashtunes, los ingleses apoyaban a los uzbekos; si había
rusos, los americanos apoyaban a los talibanes; si hay talibanes, los americanos
apoyan a los tayikos y uzbekos… y lo que nos queda por ver.
Hay que tener en cuenta que estos apoyos cambiantes carecen de una dirección
coherente más allá de un interés puntual (en este caso capturar a Bin Laden y a la
cúpula de Al Quaeda) y pasan por alto todo tipo de valores o ideologías. Que nadie se
olvide de que la Alianza del Norte es, básicamente, una guerrilla, un grupo de
bandidos analfabetos que viven sin dar un palo al agua, dedicados al secuestro, a la
extorsión, al tráfico de estupefacientes y a malgastar las ayudas que reciben de los
servicios secretos occidentales. Con gente de semejante pelaje, el futuro, desde luego,
no promete mucho.

Por último, toda la avalancha informativa generada por los atentados y la posterior
campaña de Afganistán ha puesto en evidencia que la influencia del poder poder
político en los mass media en su conjunto es bastante limitado. La todopoderosa CNN
se ha visto ensombrecida por una pequeña emisora de Qatar (hasta que los EE.UU.
bombardearon su sede de Kabul); Internet ha aportado toneladas de información
distinta a la ofrecida en las ruedas de prensa del Pentágono; los corresponsales de las
televisiones españolas acababan sus crónicas con un “… y esta es la información
oficial que nos han facilitado, sin embargo…”; todo el mundo ha tenido acceso a
análisis realizados con distintos puntos de vista…
Quien ha estado manipulado ha sido porque se ha conformado con el análisis que
abre este artículo; quien ha querido ahondar en la información ha podido encontrar
mucha, muchísima.

Para terminar, en la particularísma apuesta que hace medio mundo, yo creo que Bin
Laden aparecerá muerto. A ninguno de los actores que intervienen en el conflicto le
interesa que siga vivo, ni siquiera a los propios talibanes: mientras siga libre, no les
van a dejar en paz.

Moderador



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