Published On: Mie, Abr 7th, 2004

Los niños-teléfono


Dice Manuel Rivas que vivimos inmersos en una segunda naturaleza que es la publicidad. Señala que los niños distinguen las marcas de teléfonos móviles, pero no saben distinguir a un abedul de un arce, y añade que en las escuelas debería estudiarse ese nuevo habitat. ¿Para qué? Los niños de hoy habitan cómodamente ese paisaje inventado, con la naturalidad y la confianza de quien pasea por su tierra natal. Los perplejos, los necesitados de análisis y de respuestas somos nosotros, los mayores, los que nacimos en otros mundos que ya casi no están en éste.

Un profesor de matemáticas explica los números irracionales a chicos de catorce años: “El más famoso es el número pi”. “Ah, claro. El pin del móvil” -le responden los alumnos. Una niña amena es la que tiene un móvil de esa marca. Son los niños-teléfono del nuevo milenio, unos nuevos entes biológicos, una nueva especie.

Manuel Rivas habla del realismo mágico de la publicidad. Yo lo llamaría realismo a secas: las cosas son, quedan sancionadas como reales por la colectividad, si y sólo si existen bajo especie publicitaria. Los entes de ficción somos los observadores que miramos incrédulos cómo se nos va yendo de las manos la magia de nuestro mundo anterior.

Las empresas de telefonía móvil se han lanzado este año sin recato sobre el filón del día de los enamorados. Unos venden el teléfono con los bombones puestos. Otros venden durante una semana mensajes a cinco pesetas: te quieros a duro. En Internet hay 23000 páginas webs dedicadas a San Valentín. Si se te olvidó el evento, lo puedes arreglar en una hora, que es lo que tarda alguna empresa en hacer llegar el amoroso obsequio. Los grandes almacenes hacen un agosto en unas horas. La publicidad de una superficie comercial anuncia que sus animadores, enfundados en corazones de gomaespuma, recorrerán el centro interactuando -¡horror!- con los clientes; otros animadores, disfrazados de Cupidos, lanzarán flechas del amor para animar a la compra del regalo. O Veneres Cupidinesque, ¿no podrían habilitar en días como este refugios subterráneos blindados a prueba de tanto merengue rosa para los ciudadanos que ya no somos de este mundo?

El galardón supremo a la cursilería se lo lleva, para mi gusto, el menú especial para enamorados que propone un restaurante de la costa cuyo nombre no mencionaremos: “Deseo de rodaballo con pétalos de rosa y suspiros de Venus”. ¿Cómo interpretar lo del deseo? ¿Es el rodaballo el que desea o es el comensal el que desea al rodaballo? ¿No resulta inelegante desear al rodaballo cuando se tiene delante a la comensal amada? Es como incitar al ménage á trois en un día tan señalado. También se ofrecen “delicadas delicias de San Valentín”. ¿Qué parte de la anatomía del santo sería la más deliciosa? Valentín era un cura que se dedicó a casar soldados sin autorización de sus superiores. Seguro que no pensó que en el futuro se incluirían en un menú sus delicadas partes.

En la época de los niños-teléfono, la fiesta de los enamorados es un puro disparate.

Aurora Luque

  Aurora Luque es escritora, con varios libros y cientos de artículos y colaboraciones publicadas. Es columnista del Diario Sur de Málaga (España) y profesora de Griego. Si quiere saber más sobre esta escritora pinche aquí.



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