Published On: Lun, Abr 12th, 2004

El currículum de Barbie

Ahora que llega el fin de curso y los padres se lanzarán de nuevo a comprar los juguetes que tengan absortos a sus hijos durante el verano, cabe quizá una reflexión sobre la casi nula libertad tanto de los padres como de los hijos a la hora de elegir sus regalos. La publicidad impone y manipula los gustos de los chavales y los padres suelen adquirir dócilmente los objetos que sus hijos creyeron desear al verlos consagrados en la pantalla de los televisores. Son deseos teledirigidos para bolsillos televapuleados. Los españoles gastaron en 1999 más de 225.000 millones de pesetas en juguetes; las tres cuartas partes de ese gasto tienen lugar en Navidad.

La última moda en juguetería marcha también por el camino triunfal de la electrónica. Los peluches blanditos y pasivos están siendo sustituidos por las “tecnomascotas”, que reconocen la voz de sus dueños, hablan y hasta enferman si no se les cuida: hay perritos “robotónicos”, “lorófonos”, peluches que cantan, bailan y ponen huevos… Parece que los juguetes tradicionales están en peligro de extinción. En la noche del cinco de enero TVE emitió un programa inteligente (por supuesto en la 2 y a las dos de la mañana) sobre la historia y la proyección social de la muñeca Barbie. No ha pasado a la historia: en 1997 el negocio de la Barbie movió mil millones de dólares. En el programa, la inventora de la muñeca justificaba su creación diciendo que en los años cincuenta las chicas se sentían angustiadas ante el desarrollo de sus cuerpos y que la compañía de una muñeca adulta les ayudaba a “aprender a ser mujeres”.

Con Barbie ocurre lo mismo que con el cine: la industria produce objetos que imponen sus discursos, y esos discursos tienen el poder de legitimar y hacer existir unos valores y excluir otros.

Conozco a alguna madre progre verdaderamente horrorizada cuando su hija le pidió la Barbie y el novio de la Barbie, con apartamento incluido. Si negaba el regalo, su hija quedaba excluida de los juegos con sus compañeras. El caso es que cada niña americana tiene unas ocho Barbies en casa, y cada italiana o francesa, unas cinco. No es sólo un modelo reaccionario de mujer. La Barbie ha sido nociva para la salud: es un icono inalcanzable. Pero pasamos por alto los casos de anorexia y de bulimia de los que Barbie es responsable al colarse tan tempranamente en la vida cotidiana de las niñas. El programa, que no estaba autorizado por la empresa que fabrica la muñeca, se paseaba por una exposición de arte inspirado en Barbie: allí estaba la Barbie crucificada, la Barbie-Frida Kahlo, las Barbies lesbianas, la Barbie explotada (Barbie fabricante asiática de Barbies falsificadas…), la Barbie vagabunda y la más inquietante: la Barbie menopáusica. Con Barbie se ha jugado a todos los juegos: ha entrado, despedazada y frita, en rituales de vudú, y su cabeza ha sido ingerida para obtener satisfacción sexual (según el comensal, que sufrió una obstrucción de colon).

La creadora de la muñeca fue expulsada de la empresa por ocultar datos financieros. Entonces puso una fábrica de prótesis mamarias, también con mucho éxito. América, América, ¿siempre seremos sumisos y dóciles clientes tuyos?

Aurora Luque

  Aurora Luque es escritora, con varios libros y cientos de artículos y colaboraciones publicadas. Es columnista del Diario Sur de Málaga (España) y profesora de Griego. Si quiere saber más sobre esta escritora pinche aquí.



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