Published On: Sab, May 1st, 2004

El hombre es un negocio para el hombre

Con el buen tiempo arrecia el oleaje de zodiacs y pateras abarrotadas de inmigrantes. Parecen un atributo de la climatología. Bandera verde en el litoral. Veintitrés detenidos en la Playa del Ruso. Intervalos nubosos en la zona del Estrecho. Treinta indocumentados en Castell de Ferro. Chubascos intermitentes en las zonas de montaña. Cuarenta y tres inmigrantes interceptados a una milla al sur de Punta Paloma. El fenómeno se encara una y otra vez con la neutralidad de los partes meteorológicos. El lado oscuro del fenómeno, el de las mafias que convierten en negocio jugoso la necesidad de tantos, apenas se encara en los medios informativos. Detrás de cada patera hay un buen montón de millones reposando sin riesgos de naufragio en los bolsillos de algunos -estos sí- ilegales. Nos queda la duda de si las autoridades competentes pondrán tanto empeño día a día en la captura y enjuiciamiento de los traficantes como en la captura y devolución de los traficados.

La energía corporal es una mercancía caprichosa. La fuerza de las manos es barata. Compárese el contraste entre el alquiler penoso de las manos de los candidatos a jornaleros y la compraventa de las piernas de los futbolistas en el negocio fino del fútbol. Cuando acabó la Liga empezó en los informativos una temporada verdaderamente grosera sobre la compraventa de jugadores. Era imposible no escuchar las minucias de los traspasos de piernas y millones: que si Mendieta, que si Mendiola, que si Badiola, que si Badieta. Pero esto es lo que emociona las entrañas de la mayoría de los españoles, la salsa de sus ocios y la sustancia de sus conversaciones más apasionantes. El suplemento semanal de El País publicaba ayer un bochornoso reportaje sobre Zidane, retratándole como héroe, como santo, como justiciero. Les faltó concluir con una suscripción pública para edificar un santuario en su honor en las afueras de Madrid.

Entretanto, en El Ejido, el oleaje paralizado de los plásticos ha trepado ya casi a las montañas vecinas. ¿Se verá esta inmensa extensión de progreso plastificado desde los satélites, como se ven el humo del Etna y la Muralla China? No sería de extrañar. La palabra invernadero, que parece contener a la palabra invierno, impone aquí una fortísima impresión de desierto lechoso, reverberante, una desolación que no advierte de las abundancias hortofrutícolas encubiertas. En Aguadulce comentan que la convivencia con el moro sigue siendo difícil. Dicen que son muy ariscos. En cambio, los lituanos y los subsaharianos son mansos y silenciosos. ¿A qué se deberá la hosquedad ante los magrebíes? ¿No será la certeza de sabernos no demasiado lejos racialmente, de sabernos vecinos de una misma calle que es un brazo de mar, con balcones enfrentados a un lado y a otro del Estrecho? También oí en Aguadulce que la presión de fortísimos intereses acabará inundando el Levante almeriense – el mítico Cabo de Gata- con marejadas de plástico y ladrillo. En la zona de Poniente pulula la leyenda de las rusas, la última moda en prostitución. Si Lenin levantara la perilla podría comprobar que el hombre sigue siendo un mercader para el hombre, y que se han inaugurado nuevos mercados y nuevas lonjas para la reventa y el trueque de la especie.

Aurora Luque

  Aurora Luque es escritora, con varios libros y cientos de artículos y colaboraciones publicadas. Es columnista del Diario Sur de Málaga (España) y profesora de Griego. Si quiere saber más sobre esta escritora pinche aquí.



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