Published On: Sab, Jun 12th, 2004

Cicuta y otras hierbas

Duro, rígido, difícil de mover. Así sigue siendo el mundo. Coinciden las crónicas antiguas y las actuales. A pesar de las aleluyas de los desciframientos genéticos y de los vértigos de la tecnología, el mundo sigue siendo éticamente igual a sí mismo. Ahí tenemos a los presidentes estadounidenses, que creen invariablemente que el resto del planeta es el recinto para sus espectáculos pirotécnicos: pocas noticias más absurdas que ese reciente bombardeo norteamericano sobre Bagdad. En la justificación de “acto de autodefensa” que ha dado Estados Unidos al ataque vemos otro ejercicio del supremo cinismo del imperio. Cuando los medios plantean a los ciudadanos esas candorosas encuestas sobre los riesgos de la manipulación genética, ganas me dan de proponer que los presidentes de los Estados Unidos se fabriquen en una probeta vigilada por un acuerdo internacional. Ya que todos los estados están unidos a los Estados Unidos, unos por tratados y otros por cadenas -que a veces son lo mismo-, sus mandatarios deberían salir de un laboratorio que les controlara los genes de la sensatez y de la megalomanía. Seguramente hay una relación entre la mirada mezquina de Bush y esta inauguración de su fiesta particular con una traca de misiles.

Jesús Gil sigue en Marbella. Sus concejales periféricos huyen en bandada y salen cada día nuevas cifras de pagos sin justificar a ex concejales y / o amigos o familiares del todavía alcalde. Sabemos que gastó 50 millones en mobiliario para su despacho y el de su hijo. Hacienda llamará a declarar, oh paradoja, a un ex delegado de hacienda de Marbella, hoy teniente de alcalde, beneficiario de un pago injustificado de 29 millones. Espartaco Santoni recibió otros 10 misteriosos millones. Unos veinte concejales reciben casi 400 millones en regalos del jefe. Gil sigue siendo alcalde de Marbella.

El único cambio cualitativo que registra la crónica de los últimos tiempos es el procesamiento de Pinochet por jueces de su propio país. Ahora, también en su propio país, al juez que hizo posible el enjuiciamiento del dictador chileno le van a abrir un expediente disciplinario por dejar entrever intimidades de sumario en un libro en el que cuentan su vida. El juez Garzón, a quien, como dice Manuel Alcántara, se puede acusar de cualquier cosa menos de vago, concita las envidias reconcentradas de los rivales de su gremio, la irritación de los políticos que no acertaron a domesticarlo para uso propio, el rencor de ETA por el cierre del diario Egin, el resentimiento de los clanes gallegos de la droga acosados por él. Ahora, cuando su prestigio internacional es indudable -su actuación ha alterado la impermeabilidad de los estados en materia judicial de manera irreversible -, la legión nacional de los envidiosos se apresura a sancionarlo por el contenido de un libro de título cursi. Los colegas de la judicatura quieren dar cicuta al superjuez, aun a sabiendas de que sus argumentos son endebles como los de los acusadores de Sócrates. No pretendo comparar figuras. Al juez de Jaén lo mueve su ambición, pero ha demostrado con creces su utilidad pública. La noticia de su posible sanción hace pensar en cómo retoña, perenne y lozana, la verde planta universal de la envidia.

Y Gil todavía en su despacho.

Aurora Luque   Aurora Luque es escritora, con varios libros y cientos de artículos y colaboraciones publicadas. Es columnista del Diario Sur de Málaga (España) y profesora de Griego. Si quiere saber más sobre esta escritora pinche aquí.



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