Published On: Sab, Sep 25th, 2004

EL CÓNDOR PASA

Decenas de miles de seres humanos torturados y exterminados. Familias destrozadas, países humillados por la violencia y los crímenes que parecen no tener castigo final. Éso fue, entre otras, la llamada Operación Cóndor, un conciliábulo de la muerte organizado por los dictadores del Cono Sur que entre los “70 y los “80 sembraron el régimen del terror en America Latina.

Hasta ahora, un halo de impunidad rodeó estos vergonzosos capítulos de la historia. Débiles han sido los destellos de enmienda que tímidamente asomaron en Argentina en los últimos años. Y en Chile, uno de los mayores asesinos de Sudamérica seguía sonriendo, a salvo de la condena.

Hasta ahora. Porque la justicia chilena parece, por fin, haber despertado. El asesino Pinochet, después de haber jugado durante mucho tiempo con la dignidad de sus conciudadanos, está acorralado. Ya no le valdrá aducir demencia o enfermedad terminal. Ya no le valdrá alegar inocencia porque “él no podía preocuparse por cosas chicas” (¿miles de ejecuciones en las sombras son cosas chicas?). Ya no está protegido por su inmunidad de ex-presidente, que la Corte Suprema de Chile le retiró el mes pasado.

Ahora deberá responder. Aunque sea tarde para tantos muertos. Aunque nada ni nadie puedan volver el tiempo atrás. Aunque su condena sólo sea un símbolo y un ejemplo de lo que no debería haber ocurrido. De lo que no debe volver a ocurrir jamás. Será, al menos, una lección, para que nadie pueda volver a decir que “el cóndor pasa”.

Inés Álvarez



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