Published On: Jue, Sep 30th, 2004

El final de la inocencia

La perversión existe desde que existe el hombre. Pero en las últimas décadas está alcanzando límites que jamás hubiéramos creído posibles. Podría decirse que el punto más oscuro de la depravación es el que toca a la pornografía infantil. Creo que, de todos los delitos, el abuso de niños es el más horroroso. Y da escalofríos leer las noticias, los porcentajes, las implicancias. Lo terrible es que en esta industria se ven envueltos muchas veces, como en el último caso ocurrido en Australia, actores sociales a quienes normalmente confiaríamos la seguridad de nuestros niños: maestros, policías, directores de centros infantiles.

No puedo imaginar cómo esa clase de personas puede conciliar el sueño. ¿Cómo no sentir remordimientos al pensar en el futuro destruido brutalmente, la infancia arrancada de raíz, la humillación y el daño psicológico -más grave que el físico, todavía- de esos niños que son exhibidos como ganado a la venta y entregados al mejor postor? ¿Qué cerebro es capaz de concebir tal monstruosidad a sangre fría? ¿Cómo se puede convertir en negocio semejante aberración? Perdonad tantas preguntas, pero es que no puedo, y les aseguro que quisiera, encontrar una respuesta.

La humanidad avanza. Hoy utilizamos a diario tecnología que hace algunos decenios ni soñábamos con poseer. Y cuando esas herramientas maravillosas, como Internet, son convertidas en transmisores de estos negocios de la vergúenza, dudamos de que el homo siga siendo sapiens. Empezamos a sentir que, de alguna manera, con el progreso también progresa la destrucción. Que al ser humano ya no le queda mucha esperanza cuando tanto se empeña en provocar el abrupto final de la inocencia.

Inés Álvarez



Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>