Published On: Jue, Oct 14th, 2004

Algo pasa con Italia

A juzgar por las actitudes que algunas personalidades italianas han mostrado en los últimos días, es
de temer que en Italia se haya instilado el virus de la gripe cerebral, una variedad del virus del
sindrome espongiforme que destruye rápidamente las dendritas. Hay pruebas de que esta afección es
capaz de producir un rápido cataclismo mental en quienes la contraen. Para muestra, demos tres botones.

Tenemos en primer lugar el extraño caso del Dr. Buttiglione y Mr. Neandertahl. Rocco Buttiglione, nominado
para futuro comisario de Libertades Civiles al Parlamento Europeo, nada menos, ha declarado, muy suelto
de cuerpo, que “la homosexualidad es un pecado”, y que “la familia existe para permitir que la mujer
tenga hijos y sea protegida por su marido”. Ante estas declaraciones, no sabemos si Buttiglione es en
realidad un hombre de las cavernas que se acaba de descongelar en algún laboratorio clandestino, o que
el extraño virus de la gripe cerebral itálica ha hecho mella en su sistema nervioso.

Sigue en la lista il maschio italiano: Mirko Tremaglia, ministro de Berlusconi, ha salido en defensa
del futuro comisario alegando que Europa está “dominada por los maricones”. No hay que acusar al pobre
Mirko de fascista o irrespetuoso sin remedio: los científicos opinan que no es más que otra víctima de la
temible enfermedad.

El último caso es una muestra extrema del daño irreversible que la nueva gripe viral puede producir:
el presidente de la empresa automovilística Ferrari está preparando un modelo de Fórmula 1 para
regalarle…al Papa. No, no habéis leído mal. El señor Luca Cordero recuerda que hace quince años el
Santo Padre dio una vuelta al circuito de Fiorano en un Ferrari. Y no se le ha ocurrido nada mejor que
regalarle uno. Seguramente Su Santidad lo disfrutará mucho, ya que en su excelente estado de salud,
conducir un Fórmula 1 es lo más aconsejable. Ni hablar de que, probablemente, las leyes de la Iglesia
no vean bien que el representante de Cristo en la tierra reciba esa clase de obsequios. Pero no podemos
acusar al pobre Luca de estar actuando como un tonto. Sin duda alguna, es obra del maldito virus.

De modo, lectores, que si viajáis a Italia, tened cuidado: podéis convertiros en blanco de una
imprevista andanada de actitudes rayanas en la locura. Sobre todo si sóis homosexuales, mujeres
o el Papa. Tratad de no reaccionar con violencia ante cualquier ataque perpetrado contra vosotros:
recordad que no nacen del libre albedrío del que los ejecuta. Sin duda, el agresor lleva en sus
neuronas un terrible virus. Esperemos que la ciencia encuentre muy pronto la forma de combatirlo.

Inés Álvarez



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