Published On: Vie, Oct 15th, 2004

Peras al olmo

Lugar: San Petersburgo, Rusia. Época: 1839, durante la corrupta era imperial. Trama: dos nobles se enamoran de la criada y ex-actriz Ana. Uno de ellos se convertirá en padre de sus gemelas. Ana es acusada de traición y debe huir, entregando una de las niñas a su padre y la otra a unos campesinos. Los destinos de los protagonistas se entrecruzarán un día con del príncipe heredero.Todo ésto condimentado con una buena salsa de intrigas, mentiras y algo de asesinato.

Los ingredientes argumentales confluyen adecuadamente en un atractivo culebrón. Para llevarlo a la pantalla, han juntado esfuerzos nada menos que dos históricos archienemigos: Rusia y Estados Unidos de América (lo que la tele ha unido, que ninguna guerra fría lo separe). Además de lo alentador de esta asociación de potencias que han cambiado los misiles por las cámaras, se subraya el cuidado con que los productores han reconstruido los escenarios y vestuarios de la época. No han escatimado medios para que la realización tenga toda la espectacularidad que el caso merece.

Es así que encendemos la tele, sintonizamos TVE-1, y allí está: el imponente salón de un palacio ruso. El decorado es perfecto. Se ha vigilado hasta el último detalle…

-Pero.. Oye, cari, ¿No es ése el cuadro tan conocido de Madrazo?
-¿Qué cuadro?
-¡Ése, ése que está en la pared del fondo! ¡Pero si es “La Condesa de Vilches”! ¿Te
acuerdas? Lo estudiamos en Historia del Arte…

-¡Tienes razón! ¿Y qué hace un cuadro de Vilches en un palacio zarista?
-Éso me pregunto yo. Además, estoy segura de que lo pintó mucho más tarde… ¿Estaremos
viendo Anastasia o Regreso al futuro?

Bueno, queridos televidentes, nadie es perfecto, ¿no? Dijimos que los productores habían cuidado al máximo la
recreación de época, pero tampoco hay que exagerar. ¿Qué importa que Vilches fuera desconocido en la Rusia de
entonces, o que ese cuadro lo haya pintado en 1853 (catorce años después del momento en que se desarrolla la
trama), y más aún, que el Museo del Prado, donde se exhibe la obra, haya aclarado que nunca se ha expuesto en
un palacio zarista? ¡No seáis tan tiquis miquis, corazones! Además, no pensaréis que muchos más se darán cuenta
del fallo. ¿Y a quién le importa el rigor histórico en una telenovela? Mirad, mirad el lujo de los trajes y los
decorados. Reparad en lo retorcido de la trama, que os hará sufrir como galeotes durante ciento veintisiete días.
Venga, va, sentáos a mirar el espectáculo, y dejad la exactitud para los científicos, que la tele se ha hecho
para entretener. No le iréis a pedir peras al olmo, y menos si es un olmo ruso plantado por los americanos.

Inés Álvarez



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