Published On: Mie, Oct 27th, 2004

Telebasura ¿qué telebasura?

Parece que en estas fechas ha tocado tratar el tema de la telebasura y los poíticos andan revueltos con la posibilidad de poder limitar los contenidos que las cadenas emiten en horario infantil.
Al parecer, en la franja de la tarde hay algunos programas de esos que se llaman de testimonio en la que personajes anónimos o famosillos sacan al aire sus vergúenzas privadas a cambio de un puñado de euros. Mientras, los niños tienen libertad para manejar a su antojo el poderoso mando a distancia y hay quien piensa que exponer a los chavales a esa sarta de tonterías, desvergúenzas y morbosidades es algo que hay que evitar a toda costa.

Vayamos por partes
Que la televisión se ha vulgarizado hasta límites rayanos en la grosería es algo que nadie duda a estas alturas. Que el programa del impresentable Sardá sea líder en su franja horaria a base de sal gorda, escándalo y morbo demuestra que la audiencia no está por la labor a la hora de decantarse por contenidos realmente enriquecedores. Pero esa vulgarización no llegan sólo a este tipo de programas, auténtica diarrea mental, sino que se ha ido extendiendo a todo tipo de magazines con sus secciones de testimonio o a los otrora sacrosantos telediarios en los que las noticias realmente importantes se ven constantemente reemplazadas por hechos luctuosos que logran más espacio cuanto mayor sea el morbo capaz de despertar. La galaxia de famosillos de medio pelo nacida alrededor de este tipo de programas es pa chillar hasta secar la lengua.

Por otro lado, que la educación de los niños es hoy más cosa de los padres y menos de instituciones o servicios públicos es cada vez más evidente: los maestros de antaño han sido sustituidos por profesores, con toda la carga ideológica que demuestra el simple cambio de palabras; la televisión es un producto comercial con el que se trata de clavarle en los ojos a los niños toda suerte de consolas, zapatillas de marca, muñecas o pastelitos de colesterol.
Pensar que la televisión tiene que ser una herramienta de educación es no darse cuenta del modelo en el que nos desenvolvemos. La televisión no es más que otro negocio. No hay que darle más vueltas.

Y ahora vamos al meollo del asunto ¿dónde están los padres cuando sus hijos ven a Belén Esteban y compañía? Ocupados. Muy ocupados atendiendo sus asuntos, sus negocios, sus sesiones de rayos UVA, sus compras…
Tener hijos es una enorme responsabilidad que requiere mucho esfuerzo y capacidad para decir no. La tele se apaga y punto; vamos a la calle, a jugar; vamos a leer cuentos, vamos a montar el Scalextric, vamos a hacer esas cosas que luego echaré de menos no haber hecho cuando crezcas. Mientras, te enseñaré cómo tratar a las personas, cómo respetar las reglas, cómo ser buena persona, cómo comer educadamente, cómo tirar a los papeles a la papelera… todas esas cosas que se llaman educación.

Y entretanto en la televisión podrán querer aparecer todas las guerras, todos los Boris Izaguirre, todos los testimonios, toda la basura del mundo pero se estrellarán contra la negrura de una pantalla apagada.

Moderador



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